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Reportaje especial
Panamá, domingo 12 de marzo de 2006
 

COLONIALISMO.

Puerto Rico: Yanqui o latinoamericano

644842Rubén Berríos Martínez

El 28 de junio del 2000, le propuse al presidente de Estados Unidos Bill Clinton en una reunión en la Casa Blanca que creara un mecanismo para atender el tema de las relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico. Lo hice luego de advertirle que en la madrugada de ese día más de un centenar de miembros del Partido Independentista Puertorriqueño, encabezados por su vicepresidente, habían penetrado en terrenos militares del gobierno norteamericano en Vieques, Puerto Rico, como parte de la campaña de desobediencia civil contra los bombardeos de la Marina de Guerra, lucha que culminó exitosamente con el cierre de las bases norteamericanas en Puerto Rico. Ya que Vieques había expuesto tan dramáticamente ante el mundo el problema colonial de Puerto Rico -posesión norteamericana desde la guerra hispanoamericana del 1898- era el momento oportuno para que Estados Unidos se determinara a enfrentarlo. Antes de terminar su mandato, Clinton anunció la creación de un Grupo de trabajo de Casa Blanca sobre el status de Puerto Rico, gestión que se convirtió en proyecto bipartita cuando el presidente George W. Bush, al asumir el poder, ratificó la iniciativa de su predecesor.

Recientemente, la Casa Blanca ha hecho público el informe en que oficial y formalmente se reconoce ante el mundo —contrario a lo que Estados Unidos ha sostenido por más de medio siglo— que el llamado Estado Libre Asociado es un arreglo colonial de carácter transitorio. Concluye, además, que las únicas alternativas de status aceptables como finales son la independencia o la anexión de la isla como un estado de la unión americana.

La misma criatura política que fue para ellos tan útil como bastión geopolítico y militar durante la guerra fría, hoy —ante las nuevas circunstancias históricas, el creciente sentimiento anticolonial de los puertorriqueños y desmantelada la presencia militar norteamericana en Puerto Rico— no le rinde a Estados Unidos beneficios que compensen sus costos políticos y económicos, actuales o potenciales.

Pero el informe de Casa Blanca va más allá y recomienda un curso de acción para superar la condición colonial. Propone como primer paso que en el curso del presente año el Congreso de Estados Unidos legisle para la celebración de un plebiscito en que los puertorriqueños decidan si quieren continuar bajo el sistema actual o si quieren encaminarse a la descolonización. De optar el pueblo puertorriqueño por repudiar el status colonial se celebrará otro plebiscito, esta vez entre la independencia y la anexión. De prevalecer la colonia se celebrarían plebiscitos periódicos hasta que el pueblo la repudie; después de todo no hay derecho a la esclavitud.

La sentencia de muerte de la colonia ya está redactada. Sólo falta la firma. En cuanto a la anexión, ya le llegará su turno. Para Estados Unidos, Puerto Rico es un donante incompatible con el cuerpo político norteamericano. Un país que planifica levantar una muralla en su frontera sur, jamás aceptaría como uno de sus estados a una nación latinoamericana. Los Estados Unidos no son ni están dispuestos a convertirse en un estado multinacional. Más aún, Puerto Rico siempre ha sido preludio para la política de Estados Unidos hacia América Latina, y sería inconcebible que ese país proyectara la anexión de una nación latinoamericana como base de sus futuras relaciones con el resto del continente.

Para Puerto Rico, de otro lado, la anexión significaría asimilarnos, diluirnos como pueblo, renegar de nuestra estirpe latinoamericana, pretensión imposible en un pueblo orgulloso de su nacionalidad. Nunca se dijo mejor: Parva propia magna, magna aliena parva —Es grande lo pequeño cuando es propio, es pequeño lo grande cuando es ajeno.

Durante el presente año, nuestros esfuerzos estarán dirigidos en Estados Unidos a vencer la inercia característica del Congreso federal, para lograr que ese cuerpo legisle según las recomendaciones de Casa Blanca. A nivel latinoamericano e internacional nos proponemos también durante este año, organizar una gran ofensiva culminando con un Congreso Latinoamericano por la Descolonización e Independencia de Puerto Rico. Trabajaremos además para transformar las vistas anuales del Comité de Descolonización de la ONU sobre el caso de Puerto Rico en un foro ampliado de apoyo internacional y para impulsar una iniciativa dirigida a que la Asamblea General examine el caso de Puerto Rico a la luz de la Resolución 1514 de la ONU que consagra el derecho inalienable de todos los pueblos a su libre determinación e independencia.

Se acerca la hora de la suprema definición —yanquis o puertorriqueños— que anticipó el gran patriota latinoamericano don Pedro Albizu Campos sería el preludio de nuestra independencia. Descartada la colonia por los mismos que la engendraron y ante la imposibilidad de la anexión como estado de la unión americana, la independencia de Puerto Rico —la agenda inconclusa del proyecto libertario de Bolívar— se evidencia y se confirma como lo que siempre ha sido, la solución natural a nuestro problema colonial; es cuestión de tiempo y circunstancia.

Queda convocado todo el que tiene por patria a nuestra América; todo el que siente como Martí: "De América soy hijo: a ella me debo… América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación me consagro".

El autor es presidente del Partido Independentista Puertorriqueño

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