Aquellos centros de prensa
Campo Elías
Estrada
cestrada@prensa.com
OPINIÓN. En 1988 Anaprof comenzó sus torneos con
una oficina de información dirigida por Camilo Jipsión –gerente
general –, que era el hombre que dictaba las pautas en ese centro donde
había gente especializada en la materia, como Álvaro Sarmiento,
Carlos Pepe
Collado y Luis Giraldo. Nunca se perdieron un detalle y siempre
tuvieron informados a los medios. Todo lo divulgaban. Enviaban todo tipo de información
a los diarios, a los noticieros de radio y a las tres televisoras que había
en el país. Lo hacían llegar por fax o personalmente. Una de las
cosas más positivas fue ver cómo en una temporada se le regaló al
público un boletín informativo que resumía la última
jornada, con la tabla de goleadores, tablas de posiciones y todos los detalles,
que confeccionaba por su cuenta el colega Efigenio Tapia.
También se le enviaban fotografías a los medios.
Incluso, hasta tenían a un camarógrafo particular, Guillermo Quiñónez,
para tener los vídeos y enviarlos a las televisoras. Desde la oficina
de información se llamaba a los programas deportivos, en horas del mediodía,
para darles detalles del torneo. Eran otros tiempos: sin la tecnología,
ni los grandes patrocinios de ahora, ni la popularidad que ha despertado este
deporte en toda la república. Pero el torneo se sentía más
a través de los medios de comunicación. Por entonces no habían
tantos programas especializados de fútbol como los hay en nuestros tiempos,
eran contados los periodistas que se dedicaban a la cobertura del torneo, pero
el centro de prensa los tenía al tanto de todo lo que sucedía dentro
y fuera de la canchas.Eran otros tiempos.
Por cosas de la vida, Anaprof comenzó su aventura en
momentos de plena crisis, con una dictadura a cuestas, algunos medios cerrados,
como La Prensa, un gobierno con problemas financieros debido a las sanciones
económicas a las que fue sometido, pero aun así, la naciente directiva
de Anaprof le puso ganas y marcó la diferencia apoyada por una oficina
de información que ayudó a que la organización se ganara
un nombre y un respeto, y a que se cimentaran las bases de esa organización
que tiene ya 18 años de existencia. Dieciocho años después,
todo ha cambiado. Las últimas dirigencias de la Anaprof no le han dado
la importancia que se merece a lo que es una verdadera oficina de información.
Piensan –al igual que la actual dirigencia del béisbol–,
que con la tecnología lo pueden hacer todo y que con el simple hecho de
pagarle a alguien para que ponga, cuando se le antoje, los resultados de la jornada
en su página web, es más que suficiente. Pero no es así.
La dirigencia de Anaprof debe comprender que una oficina de información
es la esencia misma de la organización a través de la cual se tiene
que seguir mercadeando y difundiendo una marca de más de 15 años
como lo es la Anaprof, y no pensar, como lo quieren dar a entender en los últimos
años, que un centro de prensa es un simple vínculo para enviar
calendarios de juegos, resultados escuetos o una tabla de posiciones.
Por un momento la actual dirigencia debe pensar en lo mucho
que le costó a sus antecesores hacer un nombre de esa empresa, entre otras
cosas, con la ayuda de los diferentes colegas que han pasado por sus oficinas
de prensa, pero que hoy no quieren hacer funcionales a los que están en
ella. No me queda la menor duda de lo mucho que añoramos esa época
de blanco y negro de Anaprof, que sin haber tenido todas las comodidades que
nos brinda el nuevo siglo, supieron difundir y enaltecer este torneo como tiene
que hacerse a través de un verdadero centro de prensa.
El autor es periodista
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