| SOCIEDAD.
La demagogia sale cara
Alejandro Tagliavini
En términos básicos, hay dos tipos de sociedades. En las libres, donde la vida se gana trabajando a riesgo, es decir, en las que una persona (la iniciativa privada) debe ofrecer lo que el público requiere o le sirva.
En la otra, es donde el Estado se erige árbitro final de las relaciones sociales, y con su poder policial impone lo que considera "justo". Aquí para ganar, antes que servir a las personas, conviene que el burócrata los favorezca, para lo cual o toman el poder político o sobornan a los funcionarios.
Además, la imposición de lo "justo", guste o no, por la fuerza (policial), termina en que los más fuertes ganan y los débiles pierden. De esta manera el Estado que favorece a los pobres es, probablemente, la mentira más grande de la historia. El Estado, coactivo, siempre favorecerá a los violentos.
Otro efecto negativo es que la eficiencia sólo se da, precisamente, cuando las relaciones son voluntarias porque, entonces, las personas tienen la posibilidad de maximizar sus beneficios (hacer más eficiente su trabajo) al poder elegir, en cada momento, que acción tomar. Los países estatistas son pobres, mientras los más libres son ricos.
Bolivia tiene grandes recursos naturales y, además, reservas de gas por unos 52 trillones de pies cúbicos, la segunda de Latinoamérica y, sin embargo, es el país más pobre de Sudamérica. Pero según los teóricos del populismo, es pobre porque los extranjeros robaron sus recursos y porque perdió su salida al mar. Sin embargo, Suiza, con un territorio más pequeño que el boliviano, también es una nación mediterránea y carece de recursos naturales importantes. Pero, con 7.5 millones de habitantes posee un PIB de 40 mil dólares per cápita anuales. Bolivia, cuenta con 8.8 millones de habitantes, mas tiene un PIB per cápita menor a mil 100 dólares anuales.
¿Cómo se toma el poder político en las sociedades estatistas? O por la invasión militar, como es el caso de Fidel Castro en Cuba o ganando el poder en las urnas, por la vía "democrática", demagógicamente. La demagogia es cara, porque trata de comprar voluntades, en particular las que tengan fuerza militar. Así, demagógicamente, se impone Chávez con sus petrodólares.
Evo Morales tiene el 79% de popularidad, 5 puntos más que hace un mes cuando asumió la presidencia de Bolivia, según una encuesta realizada a fines de febrero. Pero no comanda un ejército invasor ni tiene dinero suficiente, de manera que los otros que quieren tomar el gobierno, podrían lograrlo con poco esfuerzo. A menos que Evo desmantele esta sociedad que depende del Estado y deje de tener atractivo el poder político. Lo que, seguramente, no hará.
Felipe Quispe, líder boliviano del Movimiento Indígena Pachacuti, ya declaró que Evo "Se ha vendido y si continúa podemos asegurar que va a durar menos que sus antecesores..." y para constancia recordó que si no se perciben cambios, volverán a arreciar las protestas que derrumbaron a los ex presidentes Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.
"Debíamos expulsar a Repsol, a Petrobras y a todas las empresas extranjeras, pero parece que Morales se ha bajado los pantalones ante Lula", dijo Quispe. La empresa estatal brasileña, con sus operaciones en petróleo y gas, produce casi 20% del PIB boliviano. Para Quispe, Evo Morales ha prometido "intensificar la erradicación de los cultivos de coca, como quiere Washington", y los indígenas no están dispuestos a "permitir más interferencias de EU."
El autor es miembro del consejo asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
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