| EL LEGADO DE LAGOS.
Larga sombra sobre el gobierno de Bachelet
Víctor Gutiérrez Cortés
Ricardo Lagos culmina su sexenio con más de un 70% de aprobación —cifra histórica no sólo en Chile para un presidente saliente— y deja tal legado en infraestructura, economía, derechos humanos y reconciliación, que se proyecta como uno de los más grandes estadistas del país y una alta valla a superar para la entrante Michelle Bachelet.
Sobre Lagos, abogado de 68 años y doctorado en economía en Estados Unidos, había un mar de dudas por su estrecha victoria electoral y por haber sido parte del gobierno de Salvador Allende (1970-1973), pese a que en los años 80 ya se había adherido a un socialismo moderado y "a la europea".
Es así que inició su mandato afirmando que no sería el segundo gobernante socialista, sino el tercero de la Concertación. En su gestión dio gran importancia a los privados, centró esfuerzos en componer la relación con las Fuerzas Armadas, reparar a las víctimas de la represión, favorecer al segmento más pobre, firmar acuerdos económicos, promover cambios culturales y acercar Chile al mundo.
Lagos quería demostrar que la izquierda podía gobernar y se da por satisfecho. Deja el poder con una economía creciendo al 6% y —lejos de la tentación de elevar el gasto público— con más de 5,400 millones de dólares de superávit fiscal. La inflación está controlada y el desempleo bordea el 7.1%.
Chile firmó tratados de libre comercio (TLC) y de asociación con 43 países, incluido el bloque de la Unión Europea, Estados Unidos, China y Corea del Sur, y hay seis más en los planes, entre ellos India y Japón.
En el plano de las exportaciones, por primera vez el país superó los 40 mil millones de dólares anuales. Se ampliaron las líneas del metro y se entregaron mil 500 kilómetros de ruta nacional, a lo que se suman superpistas en Santiago y la ampliación del aeropuerto de la capital. El país figura entre las 10 economías emergentes que más inversión captan y se eleva el uso de tecnologías e internet.
En lo político, se terminó con los enclaves autoritarios de la Constitución de 1980, quedando pendiente reformar el sistema electoral binominal que distorsiona la representación en el Congreso.
En derechos humanos se logró la cooperación de las Fuerzas Armadas en iniciativas como la Mesa de Diálogo, destinada a hallar detenidos desaparecidos. Por su impulso se publicó el Informe Valech, que acreditó unos 28 mil casos de torturas y que derivó en reparaciones morales y económicas.
El informe llevó a la derecha a condenar estos actos y al jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, a un histórico "nunca más" que incluía una petición institucional de perdón a quienes fueron reprimidos y el reforzamiento de la prescindencia en lo político de los uniformados.
En cultura y valores, Lagos se enorgullece de dejar "otro país", "más libre", con ley de divorcio, legislación contra la censura, creciente participación de la mujer en lo laboral y político, miles de orquestas juveniles, nuevas bibliotecas y centros culturales, además de un cine que produce hasta 15 películas al año.
Tampoco descuidó la relación con las Fuerzas Armadas. Promovió lo que es acaso- el mayor potenciamiento de este sector en décadas. Así, para la Armada se decidió comprar ocho fragatas usadas a fin de reemplazar igual cantidad de navíos y que será la escuadra total.
La Aviación incorporará diez F-16 nuevos, más otros 18 F-16 que dará de baja Holanda. El Ejército, que en 1998 compró 220 tanques Leopard 1, reemplazará buena parte de éstos con cien Leopard 2.
Los militares y la Armada respondieron con "revistas" (desfiles de homenaje) a Lagos, que no se daban en décadas. Además, el Ejército promulgó una ordenanza que termina con la "obediencia ciega".
Lagos se va así con la admiración de los empresarios, que lo despidieron con aplausos y lágrimas, con el respeto militar, con grupos de derechos humanos que agradecen los avances y con gente del pueblo que lo vitorea y le exige repostularse en 2010.
La situación es difícil para Bachelet y Lagos, pues cualquier gesto del último podría tomarse como un intento de volver a La Moneda. Lagos ha optado por no definir su futuro político y adelanta que hablará al mínimo tras dejar el poder, de modo que su camarada de partido (y su ex ministra) gobierne sin sombras.
Pese a todo, sus años de éxitos serán un gran desafío para la nueva administración, que sólo tendrá cuatro años para intentar superar la profunda huella que deja Ricardo Lagos. No se aburrirá. Fue invitado por Kofi Annan para trabajar en la ONU, también aceptó apoyar a la OMS, encabezará el Club de Madrid de ex presidentes y se proyecta una fundación con su nombre.
DPA
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