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Panamá, sábado 11 de marzo de 2006
 

ENCRUCIJADA.

Momento decisivo para el Líbano

644484Chibli Mallat

El Líbano se encuentra en una encrucijada histórica. Puede optar por guiar a Oriente Medio hacia una democracia sana y multiconfesional o volver a caer en la corrupta política local bajo tutela extranjera. Esta última senda podría propiciar fácilmente luchas intestinas y tal vez otra guerra civil.

En este preciso momento, los dirigentes políticos del Líbano se están reuniendo por primera vez en la historia moderna del país sin la interferencia de Siria, Francia o Estados Unidos. Todos —desde Saad Hariri, hijo de nuestro asesinado primer ministro Rafik Hariri, hasta el dirigente de Hezbolá, Hassan Nasrallah— están presentes para examinar abiertamente las cuestiones que dividen el país, como también los dirigentes de las comunidades chií, suní, ortodoxa griega, cristiana maronita y drusa.

Ese diálogo nacional, celebrado con medidas de seguridad que han cerrado prácticamente el centro de Beirut, comenzó el 2 de marzo y se espera que dure un máximo de diez días, pero falta un protagonista: Emile Lahoud, que reivindica su derecho a la presidencia en virtud del poder sirio. La ausencia de Lahoud no es de extrañar, pues el debate versa sobre el destino de su presidencia ilegal y sobre cómo acabar con el punto muerto que su continuidad en el cargo ha impuesto al país.

De hecho, así como la silla de Lahoud en las conversaciones está vacía, así también lo está —para el mundo y conforme a la constitución del país, que tiene 150 años de antigüedad— la presidencia del Líbano. Ha estado vacante desde septiembre de 2004 cuando Lahoud, respaldado por Siria, obligó a adoptar una prórroga de su mandato de seis años al Parlamento libanés, encargado de elegir al presidente.

Los libaneses ya podemos cantar victoria en nuestra lucha no violenta por la independencia y la democracia que ha durado un año. Hemos conseguido colocar la cuestión de la presidencia en el centro del escenario de la política libanesa. El presidente del Parlamento Nabih Birri, el secretario general de Hezbolá Hassan Nasrallah y Michel Aoun, dirigente del Movimiento Patriótico Libre, siguen siendo participantes renuentes en la búsqueda de un nuevo jefe de Estado. No obstante, la elección de un nuevo presidente legítimo y democrático ha sido aceptada a escala nacional como un punto de partida necesario para abandonar la mortífera senda por la que se internó el país con la prórroga del mandato de Lahoud.

Así quedó demostrado claramente el 14 de febrero, cuando un millón de personas, aproximadamente, se reunió para conmemorar el primer aniversario del asesinato de Rafik Hariri. La única petición de la multitud era la dimisión de Lahoud. Aquel día, insté al dirigente druso Walid Jumblatt y al dirigente del Movimiento Futuro Saad Hariri, suní y heredero político de su asesinado padre, a que hicieran de ese su lema primordial.

El objetivo principal del movimiento democrático es el de crear un proceso constitucional no violento para substituir a Lahoud con un nuevo presidente en elecciones libres y transparentes. Para ello contamos con el claro apoyo de la comunidad internacional, pues el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dio su apoyo unánime a mi petición de elecciones presidenciales. El 23 de enero, el Consejo de Seguridad hizo pública una declaración en la que lamentaba que no se hubieran celebrado aún "elecciones presidenciales libres y justas" de conformidad con la resolución 1559 del Consejo de Seguridad, que se aprobó la víspera de la aprobación de la prórroga de Lahoud.

En una reunión histórica de la mayoría parlamentaria, celebrada el 16 de febrero, expuse un proceso en cuatro fases para completar de forma constitucional nuestra rebelión no violenta contra el poder extranjero. En primer lugar, la mayoría parlamentaria y popular del Líbano debe declarar que sin la elección de un nuevo presidente no hay solución posible. En segundo lugar, una mayoría de diputados debe firmar una declaración de nulidad de la prórroga del mandato de Lahoud. En tercer lugar, la mayoría parlamentaria debe reconocer oficialmente la ilegitimidad de Lahoud. Por último, el Líbano debe elegir a un nuevo presidente.

Con el diálogo nacional ya en marcha, estamos en plena fase tres. Si durante dicho diálogo se logra un consenso sobre la necesidad de elegir a un nuevo presidente tanto mejor. Si no, se completarán las fases tercera y cuarta por otros medios.

Lahoud ha pasado a ser irrelevante. Una vez que la ilegitimidad del presidente sea reconocida oficialmente por una mayoría de los diputados, se considerarán todos sus actos constitucionalmente inválidos y quedará firmemente encarrilado el proceso de elección de un nuevo presidente. Sólo se podrá revocar mediante la violencia, cosa improbable, dada la fortaleza del consenso sobre la necesidad que tiene el Líbano de un nuevo presidente y en vista de lo arraigado que está el rechazo de la fuerza por todos los libaneses. Si bien hemos de estar vigilantes para impedir que grupos extremistas hagan descarrilar el proceso, la forma mejor de hacerlo es la de acelerar la transformación en la cumbre.

En cuanto a mí, comprendo que en la aspiración a la Presidencia del Líbano debemos mirar al futuro. Esa es la razón por la que ofrezco un programa que aborda cuestiones decisivas como la representación efectiva de las mujeres en el gobierno, la necesidad de abordar urgentemente los problemas medioambientales, fortalecer el estado de derecho, la transparencia y la rendición de cuentas y pasar a la elección por sufragio universal de los cargos ejecutivos superiores. También he subrayado que el Líbano debe desarrollar sus ventajas comparativas, en particular en materia de educación, banca y servicios. Ahora todas esas cuestiones han pasado a formar parte del debate nacional.

Puede que a la clase política tradicional del Líbano no le guste, pero, como ahora reconocen más miembros de ella, no se podrá detener el impulso con vistas a la consecución de una nueva presidencia.

Project Syndicate

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