| COMPETITIVIDAD.
La desnutrición intelectual
Amarilis Montero
Los informes del alto número de fracasos que se registraron en las pruebas de admisión de la Universidad de Panamá (UP) no me sorprenden. Por décadas, se han registrado diferentes grados de deficiencias en el estudiantado graduando de secundaria panameño. Lo que sí preocupa es la constante en las cifras de estudiantes que se gradúan de bachiller y no demuestran que han asimilado los conocimientos necesarios para ingresar a las universidades locales que exigen un examen de admisión. Las cifras son frías y aterradoras. De 18 mil 319 estudiantes que tomaron las pruebas de admisión de la UP, 35.8% (6 mil 560) no las aprobaron con un índice de 1.0 (C). El total de estudiantes que aprobaron los exámenes de admisión fue de 11 mil 765. En el área de humanidades, por ejemplo, se encontraron resultados deficientes en las materias de filosofía, historia, geografía, español y gobierno. Las cifras indican que de 3 mil 339 aspirantes no pasaron la prueba 2 mil 979. Esto significa que un 88% de estos estudiantes no pueden ser admitidos.
Las pruebas en el área científica son aún más espeluznantes. La implementación de cursos de nivelación para aquellos estudiantes que tuvieron un índice cercano al 1.0 va a crear una nueva masa de estudiantes de primer año realmente no preparados para enfrentar estudios universitarios. Las causas de estos resultados tan deficientes no se han hecho esperar: las huelgas, falta de capacitación del personal docente, metodologías y planes de estudios obsoletos, desigualdad de oportunidades para los estudiantes de las regiones apartadas, desnutrición, hogares destruidos y la falta de cooperación de la comunidad y los padres de familia son algunas de las razones más mencionadas. Por otra parte, los estudiantes que lograron pasar las pruebas de admisión son mi preocupación ya que muchos están desnutridos intelectualmente, algo que parece no se detecta en ninguna prueba.
¿Cuáles son los síntomas de esta desnutrición intelectual? La generalizada falta de cultura general es la más destacada. El casi total desconocimiento de la cultura, historia y geografía panameña, y mucho menos de la universal, es otra. Ni hablar del uso del idioma español en su forma oral y escrita. Lo más triste de esta situación es la apatía que hay hacia el estudio a conciencia. Tal parece que el esfuerzo, la perseverancia y el trabajo académico fueron erradicados de la formación de muchos estudiantes. Es triste ver a tantos estudiantes que sólo van a hacer vida social a la universidad y no tratan de esforzarse para aprovechar el tiempo y su juventud para aprender. ¿Cómo se llega a tener tantas deficiencias y que estas no hayan sido detectadas a tiempo? El propio sistema educativo que tenemos, y que tiene un arrastre de décadas, ha dejado que esto suceda. Tal parece que se estuviera ante una situación de graduar masas de estudiantes sin evaluar qué calidad de aprendizaje llevan.
Es tal el grado de deficiencia que tienen los estudiantes graduados de bachilleratos oficiales, que más de un colega ha comentado que la universidad es más bien un "escuelón secundario" en donde se viene a repetir casi lo mismo que se ha dado en las escuelas medias para poder nivelarlos. Cuando un estudiante de primer año refleja que no está preparado para realizar estudios superiores, nos damos cuenta que no comprende instrucciones, no lee para construir un conocimiento, no resume ideas ni emite un pensamiento crítico. Es por eso que insisto en que muchos estudiantes, a través de sus años de estudios básicos, los han acostumbrado a la metodología de las charlas, la memorización de cuestionarios, los trabajos escritos no originales, entre otros, para "pasar" de un año a otro. Una vez se les confronta con una prueba escrita en donde se trata de evaluar lo que realmente saben, se descubren muchas fallas en su formación académica.
¿Quién tiene la última responsabilidad en cuanto a la formación de nuestro recurso humano? Las universidades locales, y muy especialmente la Universidad de Panamá, que acogen a la gran masa estudiantil que salen de los colegios secundarios de nuestro país. La Universidad de Panamá es la universidad del pueblo porque es accesible en cuanto a costo, principalmente. Sin embargo, debe ser exigente con el recurso humano que recibe tanto del cuerpo docente como de los estudiantes en general. No podemos tener un ente académico tan importante como la UP en donde se tiene una Escuela de Medicina con altas exigencias académicas mientras que el resto de las facultades recibe a un elevado número de estudiantes sin la debida preparación, y aún peor, que no están dispuestos a dar lo mejor de sí para su propio bien y el de la nación. Ya dentro de una carrera, estos estudiantes deben ser monitoreados para identificar a aquellos que matriculan materias y no asisten a clases o que demoran un excesivo número de años en terminar un programa académico. Los correctivos internos que debe llevar a cabo la UP, y todas las universidades que quieran admitir estudiantes con compromiso de estudio, deben ser constantes y sistemáticos para así darle al país un recurso humano capacitado y dispuesto a trabajar.
La cadena de pasar estudiantes sin preparación adecuada de un año a otro se debe romper con mejores planes de estudio, asignaturas que formen y no sólo instruyan conocimientos o memoria, docentes capacitados y entregados a su labor que puedan exigir calidad y no cantidad para satisfacer las estadísticas de promovidos de una escuela. Si el estudiante no percibe la instrucción académica que recibe como un compromiso para su superación personal, no habrá forma de elevar la calidad de la educación. Y si las autoridades del Ministerio de Educación no le ponen un alto a la mediocridad tanto de alumnos como de profesores, seguiremos graduando jóvenes desnutridos intelectualmente por muchas década más.
La autora es docente
Además en opinión
• La Ley Faúndes en la Universidad: Carlos Iván Zúñiga Guardia • Dejar la tarea a medias...: Flor Ortega • La desnutrición intelectual: Amarilis Montero • Once prioridades educativas para Panamá: Rogelio Antonio Mata Grau • ¿Cuándo comenzará la educación?: Penny de Henríquez
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