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Reportaje especial
Panamá, sábado 11 de marzo de 2006
 

EDAD.

La Ley Faúndes en la Universidad

Carlos Iván Zúñiga Guardia

La Europa de hoy está revisando sus políticas sobre el papel social de los viejos. La población viene envejeciendo tanto, son tantos los mayores de 75 años, que oficialmente se siguen rutas de reincorporación de los viejos al servicio público y privado.

El matrimonio europeo presenta hoy escasa descendencia y el hecho adquiere un efecto económico. Al escasear la mano de obra se recurre a lo que resulta supletorio y por ello en Europa se desboca una inmigración que busca un destino laboral. Es la razón por la cual los viejos nativos de Europa no pierden actualmente su protagonismo vital.

Si se exigiera una presentación gráfica de la longevidad europea bastaría con decir que diez mil ingleses son mayores de cien años. Una estadística que sin duda se repite en otros países del viejo continente.

Si en la antigüedad existió un Herodes que asesinaba a los niños y los ponía fuera de circulación, en los días que corren los Herodes tienen su presencia patibularia en el Istmo de Panamá. No son Herodes contra los niños, lo son contra los viejos.

Esta política de exterminio la inició el PRD con una ley que buscaba el guillotinamiento específico del difunto magistrado José Manuel Faúndes. Los ideólogos de ese partido concibieron una fórmula para defenestrar al magistrado sin necesidad de agotar una fórmula judicial en el seno de la Asamblea Nacional. Los mayores de 75 años, dijeron, no pueden ser funcionarios públicos. Era la receta perfecta porque a la sazón Faúndes tenía más de 75 años. Pero la fórmula capital no fue aplicada porque los magistrados están amparados por un periodo fijado en la Constitución y una ley no podía modificarlo. Sin embargo, esa ley quedó vigentepara el resto de los funcionarios públicos y cada año muchas cabezas ruedan como tributo al espíritu de Herodes.

Es del todo justo destacar que cuando la Ley Faúndes se comenzó a aplicar en la Universidad de Panamá, la profesora y diputada Susana Richa de Torrijos, consciente de la barbaridad, emanada de la referida ley, logró una excepción a la norma excluyendo de su aplicación a los docentes universitarios. Ella no quería que esa ley tuviera también sus verdugos en la universidad. Se detuvo, gracias a la reforma, la cacería de docentes, aun cuando ya lamentablemente había causado algunos estragos y muchos profesores conspicuos, como el maestro del constitucionalismo panameño Dr. César A. Quintero, recibieron el golpe tan capital como ingrato.

Empero, a la sombra de la complicidad de muchos sectores interesados, seguía flotando el discriminador injerto. La universidad presentó un proyecto de ley a la Asamblea Nacional que autorizaba el despido de los profesores mayores de 75 años. Allí el intento tropezó, según tengo entendido, con la diputada Richa de Torrijos y la ley eliminó el nuevo intento decapitador. Me imagino que los autores de la ley se obligaron a tranzar con la Dra. Richa de Torrijos. Pero el empeño herodiano persistía y los adversarios de los viejos docentes recurrieron a la Corte Suprema de Justicia y en reciente fallo se declaró inconstitucional aquella excepción que la misma diputada de Torrijos le introdujo a la Ley Faúndes para que la universidad no se desprendiera de tantos docentes ricos en experiencias y sabiduría. Pienso que la diputada de Torrijos debe sentirse profundamente desairada y tal vez hasta burlada y sin duda ella también persistirá en su empeño en defensa de la idoneidad, a pesar de las edades.

El fallo de la Corte Suprema nos coloca en la línea contraria a la europea, como queda señalado. Ahora el talento cuando es añejo de nada sirve a la universidad. Si Gabriel García Márquez, Premio Nobel, quisiera ser profesor de literatura en la muy ilustre Universidad de Panamá, no lo pudiera lograr porque el brillo de su sabiduría se apagaría en el umbral de la casa de Méndez Pereira por tener más de 75 años. En igual condición se encuentran decenas de premios Nobel que aún viven y que son mayores de 75 años y otros fallecidos se hubieran encontrado en igual condición si en las postrimerías de sus vidas se hubieran tropezado con la Ley Faúndes.

En Panamá existen 71 mil 382 semi ciudadanos mayores de 75 años. Y son semi ciudadanos porque les está vedado el derecho de ejercer cargo público alguno, con excepción de los provenientes de elección popular porque no debe olvidarse que los legisladores se excluyeron de la aplicación de la Ley Faúndes. Esa exclusión sí resulta constitucional, según parece. Si los 71 mil 382 semi ciudadanos tuvieran conciencia de los agravios inferidos formarían un bloque electoral para sancionar en las urnas a los Herodes modernos. De allí que lanzar la proclama: Viejos del Istmo, ¡uníos!, haría temblar a tantos intolerantes que confunden la vejez con la incapacidad mental.

En apoyo a la Ley Faúndes se ha dicho que gracias a ella los jóvenes docentes, poseedores del tesoro del diploma, tendrán la oportunidad de escalar las posiciones que hoy ocupan los viejos maestros dueños además, del rico patrimonio de la experiencia. Pero en una universidad con un cuerpo docente integrado por más de tres mil unidades, la presencia de unos cien profesores en la cátedra, mayores de 75 años, no constituye escollo alguno para quienes legítimamente desean la cúspide de la carrera docente.

Desde luego, la diputada Richa de Torrijos y quienes piensan como ella en este diferendo, tendrán el respaldo del buen juicio ciudadano en sus nuevas jornadas tendientes ahora a la abrogación de la Ley Faúndes por discriminadora y por contraria a los derechos humanos.

El autor es abogado y ex rector de la Universidad de Panamá

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