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Panamá, martes 28 de febrero de 2006
 

VATICANO. HISTORIA DE UN POLÉMICO PERSONAJE.

Los pecados del banquero de Dios

El arzobispo Paul Marcinkus estuvo implicado en la millonaria quiebra del Banco del Vaticano.

Su mundana vida contrastaba con su oficio. Era aficionado a los puros, al golf y al tenis.

AP
CON EL PAPA. Paul Casimir Marcinkus y Juan Pablo II, en marzo de 1989.638912
Eliana Morales Gil
Basado en Servicios internacionales

emorales@prensa.com

"El temido y poco amado", Paul Casimir Marcinkus, conocido como "el banquero de Dios", quien murió la pasada semana en la soledad de su casa en Arizona, se llevó a la tumba incontables secretos que han sido objeto de libros y películas (El Padrino III).

El arzobispo estadounidense que administró el Instituto de las Obras Religiosas del Vaticano (IOR, más conocido como Banco del Vaticano) durante dos décadas, estuvo relacionado con el mayor escándalo financiero en la historia del Vaticano.

TERRENAL

Tenía 47 años cuando tomó las riendas del IOR, una de las tres instituciones financieras con que cuenta la Santa Sede.

Desde el primer momento, tuvo claro que Dios le había encomendado una misión: sanear los estropeados números de la Iglesia, que tras el Concilio Vaticano II se encontraban en rojo. Se sumergió con tal intensidad en el mundo de las finanzas, que se forjó una vida azarosa más propia de los enredos mundanos que de la santidad eclesiástica.

Mostraba además las aficiones típicas de un moderno banquero: le gustaban los puros y era un apasionado del golf y del tenis.

Un personaje funesto regiría su vida, Roberto Calvi, el presidente del Banco Ambrosiano de Milán, del que el IOR era accionista con un 16%.

Las horas bajas para Marcinkus le llegaron en agosto de 1982, cuando el Gobierno italiano declaró insolvente al Ambrosiano tras descubrirse un "hueco" de unos mil 200 millones de dólares de la época, sustraídos para distintas operaciones irregulares de las cajas de la que era la mayor entidad privada de Italia.

Su socio Roberto Calvi había sido encontrado dos meses antes, ahorcado bajo un puente de Londres en un aparente suicidio que hasta hoy, 24 años después, no ha sido aclarado.

Se llegó a decir entonces que Calvi figuraba en las listas de los miembros de la oscura logia masónica P2.

La viuda de Calvi implicó en la quiebra del Ambrosiano al religioso, y según ella, su marido estaba tratando con el Opus Dei la posibilidad de que éste comprase el 16% de la Banca Ambrosiana.

Contra el arzobispo se dictó entonces una orden de busca y captura, pero se refugió en los muros del Vaticano.

Fiscales italianos lo acusaron de complicidad en bancarrota fraudulenta, pero Juan Pablo II lo respaldó argumentando que él había sido una víctima en el caso.

Pero fue el Artículo 11 del Tratado Letarense suscrito en 1929 por la Santa Sede e Italia, el que lo salvó de la cárcel, pues el mismo reza que "los entes centrales de la Iglesia católica están exentos de cualquier injerencia por parte del Estado italiano".

En 1989, el Papa ordenó una profunda reestructuración del IOR y un año más tarde Marcinkus fue sustituido por Giovanni Bodio al frente de la entidad.

A comienzos de la década de 1990, el entonces abatido "banquero de Dios" regresó a su natal Estados Unidos, para ocuparse de una parroquia en Chicago como un sacerdote "común y silvestre", y desde allí los otros capítulos de su vida los vivió en el anonimato.

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