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Reportaje especial
Panamá, martes 28 de febrero de 2006
 

BUROCRACIA.

La temible hora judicial

Edgardo Lasso Valdez

Ignoro a quién se le ocurrió y cómo pudo convencer a los encargados de emitir las leyes en Panamá, en convertir en ley de la República y por tanto, de forzoso cumplimiento, la llamada "Hora Judicial".

No quiero pensar que, el argumento básico para justificarla fue, para premiar a los irresponsables que, siempre llegan tarde a las citas y notificaciones judiciales.

Hace algunos años, fui llamado como perito, en una demanda judicial contra un banco internacional y el primer día de cita ante el juez de la causa, a las 8:00 a.m., el caso empezó a ventilarse a las 9:00 a.m. A las 12:00 meridiano al decretar el juez un receso hasta las 2:00 p.m., "en punto", volví al despacho a las 2:00 p.m. y la audiencia empezó a las 3:00 p.m., sucediéndose la misma situación de atraso durante varios días, hasta que, una de las funcionarias del despacho judicial me preguntó si no me daba cuenta que, el único que asistía a la hora exacta era yo. Al contestarle que, lo que más me llamaba la atención era el hecho de que, hasta el juez era uno de los que siempre llegaba tarde, a lo que me informó que, no era que llegaba tarde, sino que se acogía a la "Hora Judicial", que se aceptaba llegar hasta 59 minutos después de la hora citada.

Sin embargo, por disciplina propia, y convencido de que, esa práctica no era correcta, yo seguí asistiendo en punto, a la hora citada, hasta la culminación de las pruebas solicitadas.

Años después, hace pocos días para ser más exacto, acompañé a mi hermano al juzgado de tránsito en Juan Díaz, donde se ventilaría un caso de colisión, donde él era uno de los involucrados. Una hora después de la hora citada se le informó que, como la otra persona no se había presentado dentro de la "Hora Judicial", se daría una nueva fecha para revisar el caso, el 22 de diciembre a las 9:30 a.m., al preguntar yo a la secretaria del juzgado, cómo se iba a enterar la otra persona sobre el cambio de fecha, me contestó que si no se presentaba el 22 de diciembre, se juzgaría el caso sin su presencia. Lo que no pudo explicar era, si al otro conductor nadie le notificaría el cambio de fecha, cómo iba a adivinar la nueva situación.

En efecto, el día 22 de diciembre, a las 9:30 a.m. en punto, me presenté con mi hermano al juzgado y se nos solicitó sentarnos hasta que el juez llamara para estudiar el caso. A las 10:15 a.m. mi hermano le preguntó a la secretaria cuándo iban a llamar, si era obvio que la otra persona no se presentaría, la respuesta fue, todavía no ha terminado la hora judicial, hay que esperar hasta las 10:30 a.m.

A las 11:00 a.m. todavía seguíamos esperando al juez; a las 12:00 meridiano, como el caso no ameritaba mayor estudio, pues se trataba de una imperceptible colisión, donde no hubo daños materiales y por insistencia del conductor del otro auto, se esperó la expedición de su parte policivo, donde constaba que mi hermano, al estacionarse, había tocado con su auto un pick-up comercial.

En ausencia de la otra parte el juez decretó el cierre del caso, con una amonestación verbal a mi hermano.

No quiero pensar que la hora judicial se inventó para mortificar a las personas responsables, pero lo que sí sé es que, la hora judicial es la licencia que la ley otorga a quienes no practican el respeto al derecho ajeno, la responsabilidad y la caballerosidad.

El autor es ciudadano panameño


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