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Reportaje especial
Panamá, martes 28 de febrero de 2006
 

EDUCACIÓN.

Cerebros bien o mal nutridos

Anel González

El análisis de los resultados de las pruebas aplicadas, por la Universidad de Panamá, a los estudiantes de primer ingreso 2005-06, han dado y seguirán dando qué hablar. Ni romanos ni griegos pueden cantar victoria. Sostener que los estudiantes de planteles privados obtuvieron mejores resultados que los de los públicos, no es un asunto que deba enorgullecer a nadie, menos cuando dicho señalamiento es erróneo.

¿Pero cómo explicar resultados tan desalentadores? Empiezo por hacer referencia a un estudio sobre la causa de fracasos y bajo rendimiento, conducido por la Universidad Católica de Chile, en el cual se dio seguimiento a un contingente de estudiantes, desde la universidad hasta el vientre materno. Los resultados confirmaron la hipótesis según la cual los estudiantes, que desde el vientre materno recibieron una adecuada alimentación y nutrición marcaron resultados por arriba de los que sus madres y ellos mismos sufrieron diversos grados de desnutrición.

Dicha investigación dejó claramente establecido que si el ser humano no recibe la nutrición requerida mínima, desde el vientre materno hasta los cinco años, su cerebro crece y se mieliniza lentamente y las estructuras cognitivas normales, fosilizan o ralentizan sus funciones.

Estas conclusiones pulverizan los señalamientos que sostienen que los estudiantes provenientes de colegios públicos tienen un rendimiento inferior que los que provienen de los privados. Dicho así, es un error científico, que para bien de los programas educativos y de los profesores es menester no seguir repitiendo. ¿Por qué? Uno, porque los estudiantes de los planteles privados provienen, en su gran mayoría, de hogares en que recibieron el suplido alimenticio balanceado y suficiente, con lo cual el factor nutricional estuvo controlado, a un nivel adecuado para que el cerebro de los infantes creciera, desplegando su potencialidad de inteligencia. De modo que el mejor rendimiento no se puede ni se debe atribuir al carácter privado o público del plantel donde han estudiado, sino a la calidad de la nutrición en los años críticos del crecimiento cerebral.

En segundo lugar, el análisis detallado de cuál ha sido la condición alimenticia, desde la cuna hasta la universidad, reflejó que un 25% de los estudiantes que cursan estudios en los colegios públicos proceden de hogares, con ingresos muy similares a los de los privados. Ese 25% de estudiantes suelen ser los que mejores resultados obtendrían en las pruebas de ingreso.

Es quizá arriesgado pero no antojadizo, suponer que las enfermedades infecciosas en la infancia y una dieta baja en carbohidratos y proteínas en los primeros tres a siete años de vida, constituyen elementos claves de las condiciones que paralizan el normal desarrollo del cerebro y sus potencialidades? ¿Qué importancia tiene la adecuada nutrición de la madre durante el embarazo y del niño durante los años críticos de crecimiento de su cerebro para su aprovechamiento y rendimiento escolar futuro?

En un país como el nuestro con más de 60% de pobreza, lo que menos se puede esperar es que el rendimiento de un alto porcentaje de alumnos de todos los niveles, sea el óptimo. Es cierto que el gobierno del presidente Torrijos está dedicando recursos y esfuerzos para aliviar la desnutrición escolar. Esa línea de acción es muy correcta. Sin embargo, los niños que asisten a la escuela, primer grado en adelante, ya han sobrepasado la edad crítica de crecimiento cerebral, por lo que el programa nutricional hará sus efectos en mejorar su salud física general, pero el retraso de las estructuras cognitivas no se podrá recuperar, como parece esperarse.

El programa debe estar dirigido, sin menoscabo de los que actualmente se desarrollan, a los niños y niñas, desde los recién nacidos hasta los 12 años y a todas las madres en gestación. Este programa tendría un gran impacto en los próximos tres lustros y más allá. No se podrá salir de la pobreza si las próximas generaciones siguen resintiendo el impacto de la desnutrición. El aprendizaje y los buenos resultados no dependen de disponer de las tecnologías de punta incorporadas a las aulas y estar conectados a todas las redes y avenidas de la información. En mi humilde criterio, lo que se requiere es un cerebro bien desarrollado y nutrido. Si tenemos esto se puede aprender sin maestros y las virtualidades de la súper tecnología se aprovecharán al máximo.

La triste realidad de ahora, en que se dispone tantos recursos en el presupuesto del Meduca, pero con resultados muy desalentadores, llena de desconcierto a la ciudadanía. En síntesis, no encuentro sustento para la afirmación que señala que provenir de un colegio o de otro, es lo que produce mejor o peor resultado. Sostener esto es un craso error, es sustentar que la fiebre está en las sábanas. Porque si los profesores y los programas son los mismos, lo que hace la diferencia son cerebros bien o mal nutridos desde el vientre materno.

El autor es docente universitario

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