Hoy termina el Carnaval y mañana comenzarán los balances pero, de momento, ya sabemos que estas fiestas son un buen motor para la economía formal e informal, y un bálsamo de descanso para los ciudadanos. Los hoteles del interior, repletos; los negocios de comida y bebida, triplicando sus ventas; muchos habitantes de los lugares más significativos, alquilando casas o dando servicio al turismo interno; los servicios de transporte público, sin parar...
Los países
necesitan de estos motores económicos. Si, además, se hiciera causa conjunta y, como en otros países, se vendiera el Carnaval de
Panamá como atractivo
turístico la fórmula sería perfecta. Es el siguiente
paso, pero para eso hay que confirmar que se puede
celebrar en orden -este año se ha mejorado- y lograr que las autoridades hagan causa común para explotar nuestro carácter alegre y colorista. Por último, hay que fomentar el turismo
interno.
Las fiestas de
Carnaval demuestran que el movimiento de turistas nacionales es poderoso y mueve recursos, solo hay que animar a los ciudadanos a que redescubran su propio país en cualquier
fecha.
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