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Reportaje especial
Panamá, lunes 27 de febrero de 2006
 

DISCREPANCIAS IDEOLÓGICAS.

Demasiado tirante

Danilo Arbilla

El hoy canciller uruguayo, Reinaldo Gargano, un mes antes de asumir, vislumbró un "arco virtuoso", conformado por Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela y Cuba al que se sumarían otros, como ocurrió con Bolivia.

El triunfo de las izquierdas aseguraba el vuelco progresista y, ahora sí, hacía posible la verdadera integración latinoamericana.

Ni soñaba Gargano que un año despúes su país iba estar enfrentado a la Argentina a raíz de la construcción de dos fábricas procesadoras de pasta de celulosa —"las papeleras"— en la margen uruguaya (la oriental) del Río Uruguay, y que constituyen la mayor inversión externa recibida por el pequeño país, y a las que el gobernador de la provincia argentina de Entre Ríos, Jorge Busti, denuncia, con el apoyo de Kirchner, como una seria amenaza ambiental.

Desde las guerras por la independencia, hace casi dos siglos, nunca estos dos países —quizás los más unidos del continente y sin duda los más parecidos— han vivido una situación de tirantez como la de estas horas, pese a que nunca como ahora habían tenido gobiernos "ideológicamente" tan coincidentes ni presidentes que, por unos meses, hayan sido tan amigos.

Hoy dos de los tres puentes sobre el Río Uruguay que unen a los países en pugna han sido bloquedos del lado argentino por "piqueteros" ambientalistas, contando con la tolerancia del gobierno, y desde hace más de un mes dificultan y hasta impiden la llegada de turistas al Uruguay ( un 10% menos este verano) y el tránsito (90% de los camiones) de mercaderías.

Argentina anunció que pasará el caso a la Corte Internacional de La Haya y su canciller, Jorge Taiana, ante el Congreso legislativo que apoyó la posición del gobierno, lanzó un furibundo ataque contra Uruguay, acusándolo de violar tratados vigentes entre ambos países.

El gobierno uruguayo por su parte recurre a los tribunales competentes del Mercosur— los que Argentina obvió— y anuncia que lo hará ante la OEA y eventualmente en la ONU. Tabaré Vázquez tras la asunción de Michelle Bachelet en Chile, tiene planeado viajar a Bolivia, Venezuela, Brasil y Paraguay, para explicar a sus pares el problema, a los que les dará cuenta de los informes técnicos —uno del propio Banco Mundial que financiaría parte de las obras y que fue pedido por Argentina—, que probarían que las "papeleras" no son contaminantes, que se ajustarán a las más estrictas normas internacionales, incluso a las que la Unión Europea recién comenzará a aplicar en el 2008, y que son infinitamente menos contaminantes que la docena de "papeleras" que funcionan en Argentina; algunas desde hace 75 años.

Los ánimos están "caldeados". El reconocido escritor izquierdista uruguayo Mario Benedetti, muy allegado al gobierno de Vázquez, dijo que Busti está resentido porque una de las papeleras —la finlandesa Botnia— no se instaló en su provincia y eso porque no estuvo dispuesta a pagar la "coima" que pedía el gobernador. Mientras tanto Chile y Brasil miran hacia otro lado. Hay quienes creen, incluso algunos hombres del gobierno uruguayo, que la gira de Vázquez no dará resultados y que lo que Uruguay tiene que hacer es buscar los aliados fuera de la región.

El conflicto constituye a la vez un duro golpe para el Mercosur, cada vez más debilitado y a los tropezones, y que hoy sólo sirve para el uso de Brasil y como escenario para los abrazos y discursos de Kirchner y de Chávez, habiendo perdido en la prática su función unificadora y su objetivo de integración económica.

"El Mercosur no existe", dijo a sus ministros el presidente Vázquez, en la reunión del gabinete de esta semana. También ahí Vázquez advirtió que lo que está en juego es "si somos considerados una provincia o si somos un Estado indpendiente", como una forma de respuesta al estilo Kirchner y la politización que han hecho del caso.

Pero este no es el único roce regional: Evo Morales ya hizo alguna advertencia sobre el famoso "gasoducto" que irá desde Venezuela a la Argentina. Además las discrepancias ideológicas crecen: en la reciente reunión del Foro de San Pablo en Caracas, fueron más las críticas que los aplausos para los noveles gobiernos "progresistas".

Como se ve, o el arco no era tan virtuoso, o está tan tirante que resulta inútil.

El autor es director del diario Búsqueda de Uruguay


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