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Reportaje especial
Panamá, lunes 27 de febrero de 2006
 

PROTOCOLO DE KYOTO.

La tierra se está calentando cada vez más

Eduardo Luis Lamphrey R.

En el año 2005, el planeta tenía 6.500 millones de habitantes, en el 2025, habrá 8 mil millones de seres humanos, todos enfrentados a los cambios climáticos y a la escasez de agua.

Con un calentamiento del planeta, de entre uno y dos grados centígrados, los riesgos son muy elevados y pueden causar extinciones de especies, colapso en los ecosistemas, originar hambrunas y escasez de agua.

En estos momentos, la temperatura global promedio del planeta es de, aproximadamente 15°C, si no se hace nada para reducir las emisiones de dióxido de carbono (efecto invernadero), la temperatura global aumentará entre 1.4°C y 5.8°C, antes del 2100.

El término "efecto invernadero" se refiere al papel que desempeña una capa de gases que retiene el calor del sol en la atmósfera de la tierra. Sin estos gases, el planeta sería demasiado frío y la vida no podría sustentarse. Entre estos gases está el dióxido de carbono (este ha crecido más del 30%, desde 1990 ), el metano y el óxido nitroso. El aumento de ellos provocará que se recaliente la tierra.

Se esperan condiciones climáticas extremas, con olas de calor fuertes y frecuentes, tal como pasa en Europa y Latinoamérica; aumento de lluvias, fenómeno que afecta gravemente a nuestros países latinoamericanos; aumento del nivel del mar y tormentas que provocarán grandes inundaciones.

Es obvio que los países pobres serán los más afectados por estos cambios climatológicos.

Se prevé que la probable fusión de la capa de hielo de Groenlandia, elevará el nivel de los océanos, en más de siete metros, desapareciendo islas y pequeños países que están al nivel del mar.

Aunque muchos países ya han tomado medidas para reducir sus emisiones, se cree que las metas del Protocolo de Kyoto no son más que una fracción de las reducciones necesarias para frenar, de forma significativa, el calentamiento global.

El primer ministro británico, Tony Blair, sintetiza el problema así: "queda claro que las emisiones de los gases que causan el efecto invernadero -asociados con la industrialización y el crecimiento económico de una población mundial que ha aumentado seis veces en 200 años- está provocando una tasa de calentamiento global que es insostenible".

Frente a esta catástrofe mundial, cuando se firmó el Protocolo de Kyoto (1997), muchos países se comprometieron a reducir sus emisiones y frenar el calentamiento global. Hoy, tenemos otra realidad. Estados Unidos se comprometió a reducir sus emisiones en un 6%, pero en el 2001, el presidente George Bush anunció que no ratificaba el protocolo y sus emisiones de dióxido de carbono han aumentado en un 15%.

Los países miembros de la Unión Europea ratificaron el Protocolo de Kyoto (2002), se comprometieron a reducir en más de un 8% las emisiones para el 2008-2012. El gobierno de China reconoció que el cambio climático podría devastar su sociedad y ratificó el protocolo en el 2002, anunció que para el 2010, utilizaría un 10% de energía proveniente de recursos renovables. Rusia ratificó el protocolo en el 2004, Japón en el 2002.

América Latina ha presentado unos 46 proyectos en el marco del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), diseñado para ayudar a los países a cumplir con la meta, que podrían reducir unos 55 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono (CO2), el principal gas invernadero derivado de la quema de combustibles. El Protocolo ubica a Panamá en una situación ventajosa, pues está calificado como uno de los países con ofertas atractivas para la venta de servicios ambientales, entre estos la venta de créditos de carbono, plantaciones forestales, energías renovables, proyectos de rellenos sanitarios, pequeñas hidroeléctricas y hasta el saneamiento de la bahía.

Hace 20 años, un equipo de científicos del British Antarctic Survey descubrió que un enorme hueco había aparecido en la capa de ozono, capa que protege la tierra de la radiación ultravioleta del sol. Esto provocó el inicio de una campaña internacional para reducir los gases invernadero, conocidos como CFC, que afectan la capa de ozono. A pesar de que el Protocolo de Montreal (2004), prohíbe los CFC, los efectos de esos se sentirán por al menos otros 40 años.

Para evitar todo esto, las emisiones de dióxido de carbono deben estar por debajo de las 400 partes por millón en la atmósfera, en la actualidad, la atmósfera contiene 380 partes por millón.

Aunque existen muchas opciones tecnológicas para controlar las emisiones, el principal problema son las barreras políticas, sociales y económicas, que impiden implementar tales soluciones. Hay muchos intereses poderosos que se rehúsan a involucrarse en el problema.

La Agencia Internacional de Energía calcula que el aumento en la demanda de energía en el mundo, significaría un incremento global en las emisiones de 62%, entre hoy y el 2030. Sin embargo, para no alcanzar los 440 ppm de dióxido de carbono y 2°C de aumento en la temperatura, se necesitaría reducir las emisiones en un 62%, entre hoy y el 2030.

He allí el reto que nos depara la sobrevivencia propia de nuestra humanidad, entre todos podemos lograrlo, es responsabilidad de todos.

El autor es economista


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