La pobreza no es un destino, pero siempre existe la tentación de pensar que sí hay algo de imposición superior o de un determinismo histórico que nos impide avanzar y lograr niveles de vida aceptables para todos los panameños y panameñas. Los ciudadanos, según expresan, sienten que el país es más pobre hoy y no parece que esta sensación tenga que ver con aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor".
La paradoja es que mientras acá sentimos que la calidad de vida se está convirtiendo en artículo de lujo, las listas de clasificación de países nos sitúan ya en el umbral de los países desarrollados. ¿Será que nuestra macroeconomía va por un camino diferente al de la microeconomía, al de la vida cotidiana? No hay razón para que nuestro país sea ni se sienta pobre.
No hay razón para que la inmensa riqueza que generamos cada año no se distribuya de una manera más equitativa. La igualdad deseada no es la de la cuenta corriente, sino la de la dignidad y las oportunidades. Apostemos todos nuestro empeño para que Panamá se convierta en ejemplo de equilibrio social y económico. |