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Reportaje especial
Panamá, viernes 24 de febrero de 2006
 

SEGURIDAD SOCIAL.

¿Derechos adquiridos o favores recibidos?

Giselle Zapateiro

Me encantaría decir que la situación de la Caja de Seguro Social mejorará con las nuevas reformas a la Ley 51, y que aportando un granito de arena mayor al que aportamos actualmente, las atenciones y suministros que nos brinden serán de mejor calidad. ¡Nos llamaríamos a engaño!

No escribo esto con el ánimo de desprestigiar a una institución que con mucho esfuerzo y sacrificio, de cada uno de nosotros —los asegurados—, a través de nuestros aportes, tratamos de cubrir una de las necesidades más básicas del ser humano, que es la salud. Mi intención es que el mensaje llegue a las personas que podrían lograr un cambio en la burocracia y falta de respeto con que se nos trata.

Hace un tiempo, fue internada mi hermana, quien estaba embarazada. Como a las 4:00 p.m. la bajaron al cuarto de operaciones para ser intervenida de urgencia. Al momento de ponerle la raquídea, los doctores, casi preocupados mencionaron algo sobre una perforación en la duramadre. Tres horas después, es llevada a su habitación. Hasta ese momento, ninguno de los médicos, internos o enfermeras, le explicaron cuál había sido el problema.

Como de costumbre, a la mañana siguiente, el médico interno, residente e inexperto, obvió la nota de los anestesiólogos de no levantar a la paciente hasta después de 24 horas, en reposo absoluto y bajo un estricto régimen de hidratación.

Como ninguna de las enfermeras ni doctores se dignaban en explicar lo que había pasado, busqué en internet y encontré que la duramadre era la membrana que cubría la médula ósea y que al ser perforada el líquido encefalorraquídeo podría quedar goteando, que si la intervención había salido bien, la paciente debía permanecer en reposo, en espera de que los síntomas no aparecieran, que podrían ser fuertes dolores de cabeza y de persistir los dolores, debían ponerle un parche hemático.

Como era de esperarse y gracias a la negligencia del doctor, los síntomas no se hicieron esperar, fuertes dolores de cabeza y de espalda.

Por qué debemos vivir las consecuencias de las negligencias de nuestros médicos residentes o internos que son dejados solos sin supervisión, para que aprendan de sus errores. Me parece a mí, que no es lo mismo equivocarnos en un registro contable que en un diagnóstico clínico, que podría ocasionar la muerte de seres humanos.

Durante esos cortos días, escuchamos actos inhumanos como por ejemplo, a dos médicos apostando una pizza para hacer que una madre diera a luz por parto natural a su hijo que venía atravesado. ¡Qué clase de irresponsabilidad es esa!

O que pusieran un medicamento que ya no se utiliza en obstetricia para tratar una infección y que la coloquen sin diluir, provocando quemaduras internas por reacción alérgica o intoxicación. Y peor aún, escuchar al médico experto decirle en frente del paciente, "ese error es una demanda segura porque ese medicamento ya no se utiliza". Imagínense como quedó la paciente después de escuchar semejante estupidez.

Creo que nosotros los asegurados, que con nuestro salario mantenemos esa institución, merecemos respeto y una buena atención por parte de las enfermeras y doctores que laboran en esa institución. Pareciera que no existe vocación hacia sus profesiones y que la atención que brindan es por un favor que nos hacen. ¿Hasta cuándo debemos soportar el maltrato emocional y físico que nos causan algunos médicos con sus negligencias?

Confío en Dios que algún día las cosas cambien.

La autora es ciudadana panameña


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