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Reportaje especial
Panamá, viernes 24 de febrero de 2006
 

CAMBIO DE ACTITUD.

Conversación con mi pluma

Carlos M . Arango Jr.

Mi pluma ha sido por muchos años amiga fiel, compañera de inquietudes personales y confidente con quien he compartido las experiencias de mi vida. Ha sido dócil porque siempre ha escrito lo que he pensado. Se lo agradezco. Últimamente me ha dicho que ella también quiere decir algunas cosas, porque está muy preocupada. Me cuenta que ella ve dos Panamá dentro de las fronteras del país.

Una, parece que Panamá está muy bien. Percibe que tiene unas perspectivas excelentes. La economía está creciendo. Hay muchos negocios en la Zona Libra de Colón. Los malls están llenos de gente de diferentes niveles económicos comprando. El centro bancario está sólido y creciendo con nuevos bancos. El turismo se ve en las calles de la capital y en los pueblos del interior. Incluso me cuenta, que nunca antes se había visto el turismo residencial que hay ahora. La construcción la tiene asombrada. Los rascacielos y proyectos de vivienda crecen como árboles y hortalizas. El Canal produce mayores ingresos aportando al país lo que nunca habíamos tenido. La riqueza se ve, se siente y se palpa.

Pero también se preocupa mucho por el otro Panamá, el que también percibe, escucha y lee en los medios de comunicación. El país se ha vuelto violento. Antes no era así, me dice. Hay una criminalidad incontrolable. Asesinatos, ejecuciones, bandas de inmigrantes criminales, asaltos a mano armada a residencias y a bancos, secuestros. Hay drogas por doquier para consumo local y para exportación. Los jóvenes están crecientemente envueltos en la criminalidad cotidiana y la corrupción está a todos los niveles de la sociedad.

Me dice que está horrorizada porque antes no se vivía así en Panamá. Le comento que es cierto lo que me dice, pero que se hace lo que se puede.

Me contesta: te voy a decir una cosa, aquí hay una tremenda impunidad que arranca de los tres poderes del Estado; ¡esa es la verdad! Me sigue diciendo, que el Poder Judicial, desde la Corte Suprema de Justicia para abajo es un desastre. Incluso el mismo Presidente de la República decidió mantener a la Corte bajo la influencia de la política y ese ha sido un mal presagio del Poder Ejecutivo. La Asamblea de Diputados, además de su componenda con la Corte para protegerse mutuamente, ha aceptado públicamente su incompetencia para legislar y su sumisión al Ejecutivo al concederle poderes especiales al Presidente y a su gabinete para legislar —aunque algunos dicen que está en la Constitución, no tenían por qué hacerlo.

Sin embargo, me comenta que la luz que alumbra en la justicia es la procuradora Ana Matilde Gómez. Cuídenla, apóyenla y defiéndanla, porque cualquier día le arman una comedia para sacarla del camino.

Su preocupación se basa en que por un lado parece que el país anda muy bien y por el otro parece que se descompone grave y peligrosamente. Hay una creciente separación socio-económica que está afectando sigilosamente a ese Panamá que parece que va muy bien. Mucha gente no lo quiere ver así. Hay más riqueza y hay más pobreza. En la medida en que no se acerquen, se hará más inmanejable una situación social futura con perjuicio para todos.

Entonces le pregunto: ¿ Y tú que crees que hay que hacer? Me contesta franca y directamente: ustedes se la pasan criticando y al mismo tiempo están atentos para cuando se presente la oportunidad, aprovecharse personalmente, con lo cual le añaden más separación a la brecha. El país se les está descomponiendo en sus narices y miran para otro lado. ¿Qué pito tocan los ciudadanos que recorren el país cotidianamente? ¿Ustedes no cuentan? ¡Si no cuentan es porque no quieren! Continúa, esta vez en tono de consejera: yo creo que cada panameño y cada panameña debe hacerse un examen de conciencia sincero y profundo. Aceptar que todos hemos propiciado lo que está pasando —incluyéndome a mí— por lo que hemos hecho o por lo que hemos dejado de hacer.

Ese examen incluye a los ricos y a los pobres —el país es de ambos—, a los partidos de gobierno y oposición, a los políticos, a los sindicalistas de izquierda y de derecha, a los gremios empresariales, profesionales y estudiantiles, a la sociedad civil y a los medios de comunicación que tienen una grave responsabilidad por el futuro de Panamá.

Con un estilo decidido me dice: sabes otra cosa que te quiero decir, hemos adoptado una serie de dioses que están alejando a las personas de los verdaderos valores de una vida digna. Me advierte; como te dije que quería decir algunas cosa, te voy a decir una gorda: la gente ha echado a Dios de sus vidas, y lo que ha pasado es que los dioses del dinero, del poder, del egoísmo y de las ansias de figuración pública lo han remplazado y ahora ustedes no saben qué hacer. Se sienten perdidos. No pueden con el crimen, las drogas y la corrupción generalizada.

Mejor es que vayamos terminando me dice, porque si sigo hablándote no va a quedar espacio para que te publiquen lo que he querido compartir contigo. El último comentario es que solo un cambio nacional de actitud —comenzando por cada uno individualmente— es que está la esperanza. De otra forma, mucho me temo que la próxima vez que converses conmigo será para decirte que Panamá en vez de mejorar, está peor y fíjate que no necesitaré que me lo diga el BID. Dependerá del cambio que cada uno de ustedes decida hacer. Por allí es que se comienza. El resultado dependerá de ustedes.

El autor es ejecutivo retirado


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