| SISTEMA CARCELARIO.
Guantánamo: ¿recuerdos del futuro?
635894Emilio García Méndez
Las fotos, la mayoría de ellas en posiciones explícitamente degradantes que continúan circulando por el mundo, de algunos de los más de 500 prisioneros de casi 40 países alojados en la cárcel americana de máxima seguridad de Guantánamo, representan lo que podría denominarse una iconografía de la globalización de la barbarie. Incluso más allá de la inexistencia de una mínima compatibilidad de estas prácticas con las normas más elementales del derecho internacional, sólo sobre un número ínfimo de ellos ha recaído una condena en sentido estricto.
El reciente informe de una comisión de expertos de las Naciones Unidas, exigiendo el cierre de esta prisión, repropone un debate sobre la razón de ser de prácticas, que mucho tienen de medievales en un sentido histórico riguroso.
La cárcel tiene una historia. Reconstruirla críticamente, ha cumplido en general la función de poner en evidencia la fragilidad de su legitimidad. Su legitimidad frágil ha colaborado, aunque a veces muy tímidamente, con la restricción de su uso. Estados Unidos hoy, con la mayor población carcelaria del mundo y con el abandono explícito de cualquier ideal de resocializacion, constituyen hace más de treinta años la punta de lanza de una clara inversión de dicha tendencia. En otras palabras, históricamente hablando, estamos frente una vuelta a los orígenes. Pero la cárcel de Guantánamo, aparentemente anclada en el pasado, contiene probablemente algo o mucho de futuro.
La arquitectura cárcel es casi tan vieja como la historia social de la humanidad. Las cárceles Mamertinas de Roma, aún hoy perfectamente visibles, constituyen una prueba irrefutable. Sin embargo, la función moderna de la cárcel, es decir, de la pena privativa de libertad como medida autónoma y específica, constituye una invención de la modernidad. Desde sus orígenes hasta poco antes de la Revolución Francesa, la cárcel cumplió la exclusiva función de asegurar el cuerpo del condenado hasta que el castigo propiamente dicho (el destierro, la muerte, la multa, la confiscación, la tortura, etc.) resultara identificado. Una amalgama de factores ideológicos y condicionantes económicos, convirtió a la privación de libertad en una pena autónoma. El vínculo entre pena y redención, un humanismo anticipatorio de la iglesia que sugería transferir la violencia del cuerpo al alma del condenado y el valor del tiempo como mercancía, propio de la consolidación del capitalismo bajo la revolución industrial, convirtieron a la privación de libertad en la pena, moderna, humana y democrática por excelencia (el tiempo es la única mercancía que todos los hombres poseen por igual).
Al mismo tiempo, el teatro de los suplicios se convirtió en una ceremonia privada y secreta de intramuros.
Fueron los cuáqueros de Filadelfia, los mismos que hoy lideran el movimiento para la abolición de la cárcel y la pena de muerte, los inventores de la prisión moderna.
En un libro magnífico, por su profundidad y erudición, primera publicación de la Escuela de Frankfurt en su exilio americano (Georg Rusche y Otto Kirchheimer Punishment and Social Structure, Columbia University Press, 1939* ), se analizan las correspondencias históricas entre condiciones económicas y sistemas punitivos, desde el siglo XII hasta el nacional-socialismo. El mercado de trabajo constituye aquí la variable fundamental de análisis. Mientras a los periodos de expansión económica y hambre de fuerza laboral correspondieron las penas "dulces" de deportación a Australia (tan "dulces" que acabaron convirtiéndose en un incentivo para la emigración y por ello fueron suprimidas), a los periodos de contracción del mercado laboral, corresponden las penas más bárbaras que pueda imaginarse. Durante la hambruna china del siglo XIX, se abolió prácticamente la cárcel y se reintrodujo la pena de muerte aun para los delitos más leves.
Es obvio que para entender la barbarie de Guantánamo, estas categorías no son en absoluto suficientes. Sin embargo, tampoco puede ignorarse el carácter anticipatorio de imágenes cuya reiterada difusión mundial difícilmente (considerando la obsesión americana por la seguridad ) pudo haber constituido un accidente. ¿Cuál pudo haber sido el mensaje implícito en dichas imágenes?
En el célebre estudio francés de 1796, realizado por La Rochefoucauld- Liancourt, sobre las modernas prisiones de Filadelfia, estudio decisivo para la difusión del sistema carcelario americano en Europa, puede leerse textualmente, "¿No habéis visto en Londres y en París, leones en cuyas fauces sus domadores meten la cabeza?... ¿Por que entonces deberíamos renunciar a amaestrar a los hombres?
*Pena y Estructura Social, Ed. Temis, Bogotá, 1984.
El autor es abogado y profesor en la Universidad de
Buenos Aires
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