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Reportaje especial
Panamá, domingo 19 de febrero de 2006
 

VIOLENCIA. Pandilleros encapuchados realizaron una conferencia de prensa para pedir tregua.

La otra familia llamada mara

En Centroamérica hay cerca de 100 mil pandilleros que pertenecen a la Mara Salvatrucha y a la Mara 18.

EFE/Ulises Rodríguez
IDENTIFICACIÓN. Los apodos extravagantes no son lo único que identifica a los pandilleros. Entre ellos los tatuajes también son una marca que los distingue entre los demás. 636230
Leonardo Flores
Enviado especial
lflores@prensa.com

SAN PEDRO SULA, Honduras. —Tal vez la palabra "mara" no tenga significado entre los panameños. Pero de alguna manera se asocia con actos de violencia juvenil que se han convertido en un fenómeno social en Centroamérica, México y Estados Unidos.

Las maras son pandillas juveniles. Sus miembros marcan sus cuerpos con tatuajes; usan un lenguaje corporal muy peculiar, ropa holgada y un estilo de vida diferente que permite identificar el grupo al que pertenecen.

Son catalogadas como un mal endémico, que amenaza con extenderse a Panamá —por su proximidad con El Salvador, Guatemala y Honduras— y provocar una crisis social similar a la que se vive en estos países.

Para algunos pandilleros el término mara significa amargura, pero otros afirman que tiene relación con las hormigas salvajes de la jungla amazónica, las Marabundas.

La primera mara salió de Estados Unidos, específicamente de la Calle 18 del sector de Rampart, en Los Ángeles, California, en la década de 1970. De allí es que proviene el nombre de la M-18.

Posteriormente apareció la Mara Salvatrucha (M-S o M-13) –grupo liderado por inmigrantes salvadoreños producto de la guerra civil– para contrarrestar las agresiones que los centroamericanos sufrían por parte de otras pandillas en Estados Unidos.

De Los Ángeles, las maras se extendieron a El Salvador, Honduras, Guatemala y en menor escala a Nicaragua. Estadísticas oficiales dan cuenta de que existen 100 mil pandilleros en Centroamérica.

Según las autoridades hondureñas, los "mareros" se hacen miembros de las pandillas debido a la desintegración familiar, la pérdida de valores espirituales, la crisis económica, el desempleo, la pobreza y la falta de oportunidades para superarse. Son jóvenes de entre 13 y 30 años.

MANO DURA FRENTE A DIÁLOGO

El actuar de estos grupos es violento. Los periódicos hondureños no cesan de informar sobre las ejecuciones. Desde la aparición de estas pandillas han muerto cerca de 2 mil 500 de estos delincuentes.

Uno de los acontecimientos más atroces que involucra a los "mareros" fue la muerte de 104 en un incendio en la cárcel de San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas de Honduras.

La espiral de violencia que se desató condujo a que durante el gobierno del ex presidente Ricardo Maduro se aprobara una reforma al Código Penal que establecía: Todas aquellas personas que revelen la simpatía a cualquiera de las pandillas a través de sus tatuajes son detenidas y condenadas hasta a nueve años de cárcel.

Bajo esta ley fueron encarcelados cerca de 2 mil jóvenes. Al culminar su mandato, Maduro dijo que la violencia se redujo 60%.

Con la asunción al Gobierno del presidente Manuel Zelaya dos de las pandillas de Honduras, la Mara Salvatrucha y la Mara 18, pidieron un diálogo con el objetivo de deponer las armas. En ese momento ambos grupos también pidieron perdón al pueblo hondureño.

Cuando Zelaya asumió el cargo, tendió un puente para buscar el diálogo. Unos de los promotores de este acercamiento es el obispo auxiliar de San Pedro Sula, Rómulo Emiliani.

"NO SOMOS ANIMALES"

"Señores, hemos venido con el riesgo de perder la vida ... pedimos que no se nos tome foto, ni que se nos filme, ya que podríamos ser identificados y nuestras vidas correrían peligro".

Esta fue la condición y la advertencia de dos ex pandilleros para acceder a ser entrevistados por este diario.

Los jóvenes tienen cicatrices en sus caras y cuellos, producto del ácido utilizado para borrar sus tatuajes.

"Esto inicia a los 12 años y una vez adentro no te puedes salir. El funcionamiento es sumamente organizado, ya no solo son las peleas callejeras... en esto ya hay mano del narcotráfico y del crimen organizado. Las muertes no solo se dan por territorio sino por necesidad... no somos animales, somos seres humanos que pedimos que se nos dé una oportunidad y se nos trate como tal. Estamos muriendo como perros, ejecutados y calcinados en las cárceles. Muchos que han buscado una mejor vida para su familia fuera de la violencia han muerto. Queremos que se nos acepte como somos, que la sociedad y el Gobierno respete nuestros derechos".

Mientras estos ex pandilleros luchan por rehabilitarse, la semana pasada, encapuchados de la MS-13 y la Mara 18 realizaron una conferencia de prensa en San Salvador. Su objetivo: negociar una tregua con el Gobierno y demostrar que no son responsables de los asesinatos que se les imputan, sino que son utilizados por el Gobierno como un "chivo expiatorio" y "una cortina de humo".

"Nosotros somos una comunidad de homies (pandilleros) pobres, somos una familia... no somos come niños. Lo que decimos lo cumplimos. Estamos pactando una tregua con la MS-13 para que no haya más rivalidad entre nosotros".

"Queremos decir que no respondemos a ningún partido, no dependemos de nadie", aseguraron cuando se les consultó sobre la vinculación que el Gobierno dice que ellos tienen con uno de los partidos políticos de izquierda.

El Salvador es el país más violento de Latinoamérica, con tasas de criminalidad superiores a las de Colombia Actualmente se registran más de 10 homicidios diarios.

(Vea Honduras ejecuta programa de rehabilitación)


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