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Reportaje especial
Panamá, domingo 19 de febrero de 2006
 

SEGURIDAD.EL GOBIERNO DICE QUE AFECTA SU LABOR LA EXTENSIÓN DEL ÁREA Y LO DIFÍCIL DEL ACCESO.

Cara a cara con la realidad darienita

En la actualidad, se encuentran en el área unos 322 desplazados por la guerrilla colombiana.

LA PRENSA/Julio Alfaro
Belleza y misterio. El atardecer darienita es un espectáculo regalado por la naturaleza que, al mismo tiempo, preocupa a quienes no lo disfrutan porque visitantes inesperados rompen la quietud y siembran el temor. 636779
Julio Alfaro
jalfaro@prensa.com

Cuando te topas con la otra cara de la realidad panameña —la de la pobreza y el abandono— te golpea con toda su fuerza. Es como llegar a donde nadie quiere y sentir lo que a pocos les interesa.

Lo cierto es que los moradores de sus dos últimos poblados en la frontera de Panamá con Colombia, Cocalito y Guayabito, resienten el no ser considerados del lado de acá ... es decir, como panameños.

Jaqué, primera escala

Las 16 horas de viaje en el buque "Independencia" del Servicio Marítimo Nacional (SMN), y los 45 minutos en lancha rápida hasta la comunidad de Piña, en Jaqué, fueron compensados por la impresionante vista acuática y una ensenada de belleza extrema. El comité de bienvenida lo encabezaron los delfines y las tortugas.

Una vez en Piña, el traslado se hizo en helicóptero hasta el puesto de policía de Jaqué, donde el ministro de Gobierno y Justicia, Héctor Alemán, había adelantado el encuentro con líderes indígenas, negros y latinos.

La reunión fue breve y concisa "por razones de seguridad", según los encargados del puesto policial. Los temas tratados, calientes.

"Necesitamos que la vigilancia costera sea más fuerte", señaló Eugenio Garabato, segundo cacique Emberá. Era como escuchar la misma canción con cada orador.

Simón Perea, colaborador de la Oficina Nacional para los Refugiados (Onpar), llevó la voz de los desplazados colombianos en territorio darienita (322, según su contabilidad), que no reciben ayuda oficial. "Aun así, estamos levantando un centro aquí en Jaqué, que esperamos tener listo en breve", apuntó.

El ministro Alemán, el director del SMN, Ricardo Tradd y la gobernadora de Darién, Juana López, tomaban apuntes. "Darién es prioridad para nuestro gobierno", aseguró el ministro.

Llamó la atención el que no hubiera quejas en el sector Salud y que éstas se multiplicaran en el de Educación.

Al día siguiente

En Cocalito y Guayabito pareció que, con dos meses de retraso, llegó la Navidad. Los casi 150 pobladores distribuidos en ambos caseríos cercanos a la frontera colombiana recibieron medicinas, bolsas de comida y juguetes. Fue como si un ser divino hubiera aparecido en sus vidas, al menos por unos minutos.

Pero la expresión de Pratmaiso Arrunnátegui fue lo más impresionante. Nacido en Colombia y con 20 años de residir en Cocalito, vio la llegada de la misión oficial como "una buena manera de acercar a la gente a su identidad". Él no tiene problemas de desplazamiento, "entro y salgo para vender el pescado, que es lo único que nos compran por aquí (...) si el que compra no viene, nos comemos la pesca, pero entonces no hay para comprar medicinas, sal y otras cosas".

¿Y la seguridad? "Ahora estamos mejor, pero en la noche sentimos miedo... así como ustedes vinieron, así mismo ellos [los colombianos insurgentes] pueden llegar".

Reforzar el área fronteriza es, de acuerdo con el ministro Alemán, "prioridad del gobierno". Pero el problema está en la extensión del área y su difícil acceso. El pasado 20 de enero, los españoles José Vicente Colastra y su hijo Sergio fueron secuestrados. Allí están aún los trapos guindados en lo que fue su lugar de trabajo y hogar en El Guayabo.

Más allá de esto, los lugareños luchan por subsistir con las mismas perspectivas de antes de aquella fecha: "vivir y que nos dejen vivir", según Arrunnátegui.


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