| CRECIMIENTO.
Una ciudad sin salida
Rogelio Pinilla
Panamá, nuestra bella urbe, se expande hacia las nubes. Parece que nuestro destino es alcanzar las estrellas, pues por sentimentalismos ambientales nos hemos puesto una camisa de fuerza que sólo nos permite crecer verticalmente. Vemos que, como reacción en cadena, los edificios "crecen" en forma espontánea y desordenada. Debajo de estas moles de concreto, una maraña de automóviles, buses, taxis y transeúntes se debate por abrirse paso y trasladarse de un punto a otro. Nuestra ciudad crece a pasos agigantados. Sin embargo, nuestro sistema vial se ha quedado rezagado estimo que unos 30 años.
Más de medio millón de personas se mueven diariamente desde el este y oeste de la metrópolis e inunda el centro de la urbe. Históricamente y debido a que estábamos restringidos por el área canalera, la ciudad ha crecido en forma alargada este-oeste. Hoy día con un territorio totalmente liberado políticamente pero restringido ambientalmente, la ciudad continúa alargándose como un chorizo hacia el este y el oeste. ¿Acaso por no perturbar nuestros parques naturales vamos a encarcelar a la mayor parte de nuestra población en una ciudad sin salida? Se hace necesario construir vías de desahogo para la buena convivencia y seguridad de la población. Estéticamente es necesario mantener áreas verdes para esparcimiento en la ciudad, pero en nuestro país territorialmente pequeño no podemos darnos el lujo de dedicar extensas áreas a reservas forestales.
Nuestro sistema de transporte es totalmente anacrónico y obsoleto. Ya es hora de dejar de pensar en paliativos y abocarnos a soluciones más duraderas como las que existen en las modernas ciudades. Es hora de pensar en un sistema masivo de transporte rápido. La distribución geográfica de nuestra ciudad es ideal para un sistema de metro subterráneo que se desplace desde Tocumen en el este hasta Arraiján en el oeste, pasando por debajo del Canal de Panamá. Será un sistema más eficiente y más limpio, pues se moverá con energía hidroeléctrica proveniente de nuestros ríos y montañas. Pensamos que al igual que ocurrió a la isla de Manhattan, en Nueva York, el crecimiento vertical nos va a obligar a crear entradas y salidas subterráneas y posiblemente vía transbordadores marítimos para estos conglomerados de oficinas y viviendas.
El autor es ingeniero
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