Un asentamiento celta de remota data se transformó, con la romanización de Italia, en Julia Augusta Taurinorum en el I a.C. Dos milenios mas tarde, la sede de la casa de Saboya también fue la capital del reino de Cerdeña, y finalmente, bajo Victor Emanuel I y su ministro, Camilo Cavour, se convirtió en la primera capital de la moderna República Italiana, en 1861. Debido a su proximidad con Francia, Turín muestra muchos rasgos más propios de la cultura gálica que de la italiana, pero es indiscutiblemente una de las ciudades más bellas de la bota, aunque otras, como Florencia o Venecia, disfruten de mayor popularidad turística.
Hoy en día, un millón de habitantes comparten sus vistas, dominadas por su símbolo, la Mole Antonelliana: originalmente iba a ser una sinagoga, pero su extravagante diseño elevó tanto los costos que la comunidad judía la donó a la ciudad. En el edificio baldío, una colección mostrenca encontró hogar y hoy en día, es el Museo del Film. Pero este no es el único atractivo de esta ciudad, cuyos habitantes montañeses son de carácter mucho más parco que el de los del sur de la bota. Con los Alpes de trasfondo, la arquitectura del Barroco y de la Belle Epoque es disfrutada mientras se recorren sus diez kilómetros de pórticos techados: se puede caminar por horas sin sufrir las inclemencias de sol o lluvia. A “campo traviesa”, las bellas plazas de la ciudad ofrecen un punto desde donde disfrutar de los muchos palacetes, hoy museos y dependencias estatales. Parado en plena Piazza Castello, corazón de la ciudad y símbolo del poder de la monarquía saboyana: el Palazzo Madama, en su mero centro, reúne en su seno los restos de la Puerta Pretoria de la era romana; desde ella parten algunas de las arterias principales de la ciudad; una vez vistos los palacios periferales (el Real, el Carignano, el Chiablese y el de la Prefectura), el Archivo de Estado, la Biblioteca Real y la Armería Real, se puede seguir recorriendo, aún al amparo de los pórticos, la vía Roma, antigua Contrada Nuova, que representó el primer ensanche extramuros importante de la ciudad original, y así se llega a la piazza Carlo Felice, que data de principios del siglo XVII, y siguen los pórticos, inconsútiles, por el Corso Vittorio Emmanuele II, hacia el este, hacia el Po.
Hacia el otro lado del río, rival del Arno y del Tíber en su importancia vital para los núcleos poblacionales que riega, se encuentran dos monumentos que no se pueden perder: el primero es la iglesia de la Gran Madre de Dios, de Ferdinando Bonsignore, arquitecto real de Victor Emanuel I, quien se inspiró en el Panteón romano al retornar su monarca del exilio en Cerdeña. Desde ella, se puede disfrutar la quinta esencia del paisaje turinés: en primer plano, el Po; luego, la plaza Vittorio Veneto y la Mole Antonelliana, y al fondo, los Alpes con sus nieves eternas. Al otro extremo de la ciudad, el Lingotto es el centro de convenciones más importante de la ciudad: la antigua fábrica de la Fiat ha sido restaurada fiel a su estilo industrial de principios del XX, y es un sutil símbolo de la pujanza económica de la zona.
Además de sus innumerables museos, plazas y teatros, se suman a la extraordinaria riqueza histórica y arquitectónica de Turín los palacios de los Saboya, situados en sus afueras. El “Círculo de los deleites”, como se conoce el circuito, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. No hay que perderse la Reggia di Venaria Reale, justo afuera del parque Mandria ni el pabellón de caza de Stupinigi, construido por el arquitecto Filippo Juvarra en 1729; sendas residencias dentro de sendos parques, hoy declarados reservas naturales. Valen también la pena el Castillo Rivoli, a 10 km al oeste de la ciudad, y por supuesto, hay que probar los vinos y alimentos típicos del Piamonte, ya que la gastronomía de Turín está íntimamente ligada con la de la región que la rodea. Turín bien puede ser el secreto mejor guardado de Italia.
ArquitecturaVisite los suntuosos palacios y plazas que le dan un toque único a la ciudad: La plaza y el Palacio Carignano, La Academina de la Ciencia, Plaza Castello, Palazzo Reale, Palazzo Madama, Palazzo di Cittá, Palazzo Barolo y Palazzo Dell’Universitá.
La tierra del chocolateEn Turín el chocolate no solo es comido sino producido en miles de formas y combinaciones inventadas a diario. Todo el territorio está repleto de cafés históricos, restaurantes, fabricantes y artesanos donde el chocolate es el protagonista principal. Allí podrá probarlos, comprarlos y llevar un recuerdo del lugar.
Tradición religiosaTurín tiene una profunda tradición religiosa. El santo sudario, la sábana en la que el cuerpo de Cristo fue envuelto, se mantiene en la Catedral y miles de peregrinos le rinden honor cada año. Otro lugar de devoción son la Basílica de María Auxiliadora, fundada por Don Bosco, el santo y educador que dedicó su vida a la juventud.
La historia del aperitivo
En el año de 1789, Antonio Benedetto Carpano inventó en Turín el vermuth, hecho a base de vino blanco al que se le añade una infusión de hierbas y especias de más de 30 variedades. Desde entonces, esta bebida ha sido exportada a través de toda Europa y el mundo y es actualmente producida por las compañías Cinzano y Gancia.