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Reportaje especial
Panamá, domingo 12 de febrero de 2006
 

IMPRUDENCIA.

La costosa salud estatal

Alejandro A. Tagliavini

Leía una muy buena columna de Carlos Ball, El círculo vicioso del intervencionismo, donde contaba este chiste: dada la prohibición estatal de fumar en los interiores de los locales, unas personas salen a un balcón para poder hacerlo, pero son tantas que el balcón se desploma. El corolario es obvio: el accionar imprudente del Estado, puede provocar catástrofes peores.

La ineficiencia tiene el mismo origen que la corrupción, y es un hecho subjetivo, ya que implica lo mejor para cada sujeto y, por tanto, las generalizaciones burocráticas no sirven. Y se da cuando cada una de las partes, en cada acto particular, tiene la mayor libertad para poder decidir lo que mejor le conviene a cada cual. Por ejemplo, cuando un comerciante vende es porque, dadas esas circunstancias particulares, en ese momento especial prefiere el dinero a la mercancía que le solicita el comprador.

Más cuando es el Estado el que se impone coactivamente sobre la decisión particular de las personas, impide esta eficiencia y promueve la corrupción, al obstaculizar la transacción provocando que quienes solicitan mercancías o servicios se vean tentados a insistir en su preferencia mediante el soborno al funcionario de turno.

Transparency International (TI) acaba de presentar el Informe sobre Corrupción Global 2006, donde señala que los sobornos son comunes en los sistemas sanitarios. El mundo gasta tres trillones de dólares al año en sanidad y parte de esa suma cae en "sistemas... que son terreno fértil para la corrupción". Según el director de TI, hasta "los traficantes de drogas están fijándose en el sector... porque resulta muy lucrativo".

En el mejor de los casos —dice el informe—, la corrupción significa que los hospitales o los pacientes pagan mucho más por los servicios y, en el peor implica la muerte de personas como consecuencia del consumo de fármacos falsos. En casos como el de Camboya, más del 5% del presupuesto sanitario "se pierde por corrupción antes de que salga del Gobierno central".

En Costa Rica, casi 20% de un préstamo internacional de 40 millones de dólares para equipamiento médico desapareció en "bolsillos particulares". Además, grupos farmacéuticos "compran el apoyo de médicos a determinados fármacos, lo cual genera la prescripción de una elevada cantidad de recetas que no siempre se basan en la necesidad del paciente". Otras veces, "la corrupción sustenta el comercio de medicamentos falsos".

Algunos años atrás, ya Steve Hanke denunciaba que "Mediante la Dirección de Veteranos (VA), el Gobierno estadounidense opera el mayor sistema de servicios de salud del país... el costo de construcción por cama de los hospitales de la VA es casi 290% mayor que para hospicios privados... el equipo de administración de construcción de la VA tiene 16 veces más empleados por cama que... el sector privado, y los proyectos de la VA requieren de 3,5 veces más tiempo de construcción que los privados... el costo promedio de los hospitales de la VA supera en 70% para tratamiento agudo... 48% para cirugía, y 140% para tratamiento regular al costo en un hospicio privado".

Así, la salud estatal nunca es gratuita. Por el contrario, su costo es aumentado por la ineficiencia y la corrupción y costeado, precisamente, por los más pobres mediante la vía impositiva. Ya que los empresarios pagan los impuestos derivándolos hacia abajo: baja de los salarios, aumento de los precios, etcétera. Peor, estos pobres que financian la costosísima salud que brinda el Estado, muchas veces, no tienen el dinero o el tiempo para utilizar esos "servicios gratuitos".

Firmas Press


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