| provocaciones.
Religión y fanatismo
Emilio García Méndez
La victoria de Hamas en las recientes elecciones palestinas y la ola de protestas y violencia que no cesa, desatada por la publicación en un diario danés de caricaturas ofensivas para el Islam, actualizan la necesidad (también en este rincón del planeta), de reflexionar sobre el sentido y funciones de la religión en la sociedad actual. La afirmación de un estudioso de la religión, que discrepó profundamente de las tesis de Max Weber en la materia, R.H.Tawney (Religion and the Rise of Capitalism), parecen cobrar una sugestiva actualidad. "Las certezas de una época son los problemas de las siguientes", afirmó Tawney en su libro originalmente publicado en 1926.
De poco y nada le han servido a Occidente, los intentos de simplificación, reaccionarios o progresistas, del fenómeno religioso en los países islámicos. Ni la vieja basura de Samuel Huntington, como agudamente lo señaló recientemente el gran periodista inglés Robert Fisk, ni la tensión irresuelta entre sentimientos religiosos y libertad de expresión, considerada en clave de universalidad de los derechos humanos, ha permitido desde la política que decide, un solo debate serio sobre la cuestión. El fracaso estrepitoso de un diálogo como éste, se ha configurado desde el momento en que ni siquiera ha sido imaginado.
Una sociedad como la occidental que se conoce cada vez más en sus detalles, pero que se comprende cada vez menos en su conjunto (Marcel Gauchet), parece no atinar en estos días a otro tipo de respuesta que no sea la amenaza o la arrogancia.
Da la impresión, que en el intento de entender la dimensión social de la cuestión religiosa en el Islam, con las mismas categorías que el fenómeno posee hoy en Occidente, radique buena parte de un fracaso cuyas consecuencias, lejos de ser teóricas o académicas, sencillamente amenazan la paz mundial.
Pero para entender la religión allá, resulta imperioso entenderla acá.
El sentido y las funciones de la religión en Occidente lejos está de constituir una categoría inmutable. Ignorar esa historia, explica en buena medida la incapacidad occidental para el diálogo.
Pocos intelectuales contemporáneos realizaron un esfuerzo tan serio y profundo para entender las transformaciones de la religión en el pasaje a la modernidad como Marcel Gauchet. En versión castellana un artículo ("¿Fin de la Religión?") y un pequeño libro (La Religión en la Democracia), sintetizan con bastante propiedad la esencia de su pensamiento. Un pensamiento doblemente importante. Por el valor intrínseco de sus reflexiones y porque además en la contracara de las tendencias que apunta para la evolución de la función de la religión en Occidente, pueden tal vez encontrarse claves decisivas para entender hoy el mismo fenómeno en los países islámicos.
En Occidente, en el camino de la modernidad, la religión ha devenido ideología y esta última el sucedáneo laico del fin de la unidad de los espíritus. La creencia religiosa se ha convertido en creencia política. Un fenómeno que absolutamente nada tiene que ver con el aumento de la religiosidad individual. La explosión de lo religioso en Estados Unidos, constituye el mejor ejemplo de esta aparente contradicción.
En Occidente el aumento de la religiosidad coincidió y coincide con la profunda declinación de la religión como factor estructurante y organizador externo de la sociedad. Los países islámicos parecen ir exactamente en la dirección opuesta.
El fanatismo en cambio, que no constituye en modo alguno un fenómeno exclusivamente religioso, parece estar cada vez más "democráticamente" distribuido entre "oriente" y "occidente".
Las groseras y gratuitas provocaciones contra la religión musulmana que presenciamos estos días, constituyen una diferencia más de estilo que de esencia en la cultura del fanatismo.
Debemos a George Santayana una singular definición de fanatismo, "el fanatismo consiste en redoblar los esfuerzos, cuando ya se han perdido de vista los objetivos".
El autor es abogado y profesor en la Universidad de
Buenos Aires
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