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Los reveladores comicios de Costa Rica
633092Eduardo
Ulibarri
Las recientes elecciones de Costa Rica revelaron con claridad dos elementos centrales de su política actual: por un lado, la volatilidad de múltiples electores, que han dado sus espaldas a los asuntos públicos y a las lealtades tradicionales de partido; por otro, la flexibilidad y solidez de las instituciones para encauzar esa corriente sin perder la estabilidad del sistema.
Ha pasado una semana desde los comicios y aún no existe, oficialmente, ganador. El ex presidente socialdemócrata Óscar Arias, Premio Nóbel de la Paz y abanderado de Liberación Nacional (PLN), el partido más importante de los últimos 50 años, prácticamente tiene garantizado el triunfo. Los informes finales preliminares le dan unos 15 mil votos de ventaja sobre Ottón Solís, su ex ministro de Planificación y ex diputado del PLN, hoy líder del Partido Acción Ciudadana (PAC).
Sin embargo, por el estrecho margen, el Tribunal Supremo de Elecciones, una de las más cautelosas instituciones del país, se ha limitado a divulgar datos sin declarar vencedor. Habrá que esperar a que termine el conteo manual, voto por voto, para que proclame oficialmente al próximo presidente.
Si, a pesar de su gran prestigio internacional, de la tradición organizativa de su partido y de la multimillonaria campaña que desarrolló, Arias no fue capaz de obtener un triunfo holgado, ello se debe, precisamente, al profundo cambio que han sufrido el electorado y la sociedad costarricenses.
Pero de la solidez institucional y cultura democrática también existe buena evidencia. Por un lado, su gran oponente no fue un populista enardecido ajeno al sistema, sino un severo economista con gran trayectoria pública, que rechazó hacer promesas de campaña. Y aunque la incertidumbre sobre el resultado definitivo se mantendrá, al menos, por otra semana, el país está tranquilo, a excepción de algunos grupúsculos que, sin credibilidad alguna, desean vulnerar la legitimidad del proceso.
La inquietud y disconformidad del electorado no son nuevas. Se reflejaron con contundencia en las elecciones de hace cuatro años. En ellas, Solís y el PAC, invisibles hasta meses antes, lograron el 26% de los votos para presidente y el 22% para diputados. Se rompió así el bipartidismo tradicional. El abstencionismo alcanzó un récord de casi 32%; se hizo necesaria, por primera vez en la historia contemporánea, una segunda vuelta electoral, y el ganador fue un candidato divorciado de las estructuras tradicionales de su partido: Abel Pacheco, de la Unidad Socialcristiana (PUSC).
Denuncias posteriores sobre el financiamiento de la campaña, que tocaron al presidente; los grandes escándalos de corrupción del 2004, que condujeron al encarcelamiento preventivo de dos ex presidentes del PUSC y pusieron en la picota a uno del PLN; el mal desempeño del gobierno de Pacheco, y la dispersión en el Congreso, fueron, para muchos los detonantes definitivos contra las lealtades partidistas y todo lo que oliera a político tradicional.
Solís capitalizó con gran inteligencia estos factores. Además, obtuvo la adhesión de una serie de activos sindicatos y grupos "sociales" opuestos a la modernización económica y al tratado de libre comercio con Estados Unidos, que Costa Rica aún no ha ratificado y él, de forma irreal, pretende renegociar.
Arias, a pesar de su plataforma más moderna y visionaria, se convirtió en objeto de todos los rechazos posibles contra lo establecido. Por esto, conforme avanzó una campaña con 13 candidatos presidenciales, y especialmente en sus cuatro semanas finales, los votantes se polarizaron entre el ex presidente y su ex ministro.
El estrecho margen del resultado fue producto de ese fenómeno, que también condujo a la virtual desaparición del PUSC y llevó el abstencionismo al 34,5%. Aún así, Arias resucitó a su partido, que había caído en coma tras las elecciones del 2002, y lo hizo subir de 17 a 25 diputados en un Congreso de 57; por mucho, la mayor fracción. Le siguen el PAC, con 18; el Movimiento Libertario (enérgico defensor del mercado libre), con ocho; el PUSC, con cuatro, y cuatro "fracciones" unipersonales, solo una de origen marxista.
Si el PLN y el PAC actúan con inteligencia, apertura y visión, es probable que se reconstruya una nueva modalidad de bipartidismo, aunque más inestable y fluida que en el pasado, y con minorías fuertes, como los libertarios, capaces de actuar como fiel de la balanza. Sería una gran contribución a la demostrada solidez institucional y a la gobernabilidad.
Por ahora, sin embargo, debido a los nexos de Solís con sindicatos del sector público y sectores inmovilistas, se abren justificadas inquietudes sobre la capacidad que tendrá Costa Rica para impulsar con rapidez y coherencia las reformas económicas que le permitan aprovechar sus múltiples ventajas. Entre ellas, la ratificación del TLC con Estados Unidos, que Arias defiende, será la primera gran prueba de fuego.
El autor es ex director del diario La Nación
de Costa Rica
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