| ENMENDAR EL RUMBO.
Carta abierta a Dios
Xavier Sáez Llorens
xsaezll@cwpanama.net
No creo en la existencia de ningún Dios por culpa de seres humanos que acomodaron su concepción a mezquinos intereses. Si lo hubiesen definido como una fuerza cósmica misteriosa que originó el universo hace 15 mil millones de años, sería uno de sus adeptos. Lastimosamente, a nuestros analfabetas antepasados se les ocurrió, para ganar protagonismo, poder y súbditos, crear una deidad a su imagen y semejanza, revestirla de poderes personales y manejarla como aliada de bolsillo para inventar guerras en su nombre o sentir alivio al confesarle delitos y temores. Los peligros de los fanatismos de fe sobre la humanidad han motivado a escritores —Nietzche, Saramago, Savater— considerar a Dios como un serio problema que deberíamos eliminar para lograr la supervivencia de la especie.
Estoy preocupado por la peligrosa ola de fanatismos e intolerancias que vivimos. Si yo fuera creyente, de mentalidad progresista, le escribiría a Dios la siguiente carta.
Supremo, necesitamos urgentemente tu ayuda. Intuyo que estás entretenido con la continua expansión del universo, la generación de nuevas galaxias o la posibilidad de crear vida en otros lugares y no creo te interesen asuntos mundanos de insignificantes terrícolas. No obstante, te resumiré lo que ha acontecido acá para que valores la necesidad de intervenir.
Ha habido más muertes provocadas por causas religiosas que por guerras civiles o epidemias. Cristianos contra palestinos, árabes contra hebreos, inquisidores contra científicos, católicos contra indígenas, musulmanes contra animistas africanos, chiíes contra suníes, hindúes contra pakistaníes, barridos étnicos en Bosnia, Croacia y Serbia, masacres de talibanes en Afganistán, protestantes contra católicos irlandeses y, recientemente, integristas islámicos contra infieles occidentales. Han elegido a un presidente vaquero, con la inestimable ayuda de evangélicos adinerados, que dice recibir tus mandatos por línea privada y que ha emprendido un exterminio escandaloso en tierras árabes. En ese país, un oligofrénico pastor imploró la muerte de un orate venezolano y te involucró en la hemorragia cerebral del líder israelí.
Existen unos autodenominados mensajeros celestiales —presiento que desconoces su existencia— que decidieron condenar todo lo que genera placer. No practican relaciones sexuales, al menos públicamente, pero disertan como expertos en la materia. Han demonizado a un pequeño adminículo que evita embarazos en adolescentes, impide procrear criaturas indeseadas, reduce la incidencia de abortos y protege contra infecciones graves. Han equiparado al condón con el mismísimo Lucifer. La gente se muere de una abominable enfermedad llamada sida pero, para defender sus interpretaciones a letras bíblicas conjeturalmente de tu autoría, le han abierto unos huecos al látex por donde pasa toda una diabólica flora microbiana. Han escondido por décadas a pederastas entre sus filas pero castigan a homosexuales a vivir en la castidad y fuera del amparo constitucional. Uno de tus principales voceros, de apellido alemán, ha ideado una novedosa prueba diagnóstica para sacarlos del sacerdocio. Han realizado manifestaciones contra la homosexualidad, pero nunca salen a las calles a pelear por los millones de niños que mueren por hambre o guerra.
En las últimas décadas, se ha beatificado a una miríada de "santos", especie de semidioses en estampitas, aprovechándose de rarezas biológicas que, eufemísticamente, le llaman milagros. Hay ahora más santos que días en el año. No satisfechos con su influencia espiritual, tus presuntos representantes se han adentrado en la esfera política. Los jerarcas eclesiales emiten declaraciones en conferencias episcopales sobre asuntos que atentan contra la democracia. Vaya hipocresía. Los cultos religiosos eligen sus cúpulas por métodos dictatoriales, gozan de subsidios estatales para su financiación, discriminan a mujeres y homosexuales, tienen el monopolio adoctrinador de la educación pública, realizan colectas monetarias sin óptima fiscalización y ayudan a gobernantes a reforzar su credibilidad a cambio de prebendas.
Algunos predicadores han cambiado el púlpito por el escaño legislativo e intentan que todos los panameños se supediten a textos nombrados sagradas escrituras. Esos devotos diputados violan habitualmente las leyes constitucionales y tus mandamientos, particularmente esos que dicen no robarás, no mentirás, no codiciarás bienes ajenos y no desearás a la mujer de tu prójimo, pero pretenden congraciarse contigo forzando a creyentes y no creyentes a leer la Biblia.
Los políticos aprovechan las procesiones en tu honor para ganar votos o figurar como almas arrepentidas, aunque tengan en su haber el saqueo millonario de las arcas estatales.
Discúlpame si mi atrevida misiva pueda desatar tu enojo. Si, por el bien de la humanidad que creaste, te animas a enderezar nuestro suicida rumbo, demuestra pronto tu presencia de forma inequívoca para que todos entendamos que sólo hay un Dios velando por nuestro destino, que nunca has tenido hijos aquí en este planeta, que te divierten las caricaturas que le hacemos a tu incierta imagen, que no hay vírgenes esperando a dementes que se inmolan y que eliminarás el odio, la injusticia social, la pobreza, los políticos corruptos, las armas y las catástrofes naturales que nos agobian. De aceptar, ofrezco mi existencia como humilde recompensa por haber perturbado tu tranquilidad y milenario silencio. Sé que sólo soy un punto intrascendental dentro del vasto universo a tu cargo pero apelo a tu benevolencia para que, esta vez, decidas corresponder. Quizás sea iluso pensar que accederás ya que muchos creyentes te suplican objetivos similares a través de oraciones y no has hecho el mínimo caso, ni siquiera a las ceremoniosas invocaciones de obispos en actos oficiales. Actúa rápido, ya no soporto la creciente estupidez humana.
El autor es médico
Además en opinión
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