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Reportaje especial
Panamá, sábado 11 de febrero de 2006
 

APOYO.

Patología cultural

Alfredo A. Arango

Hay un porcentaje de personas en toda ecuación, que al nacer traen al mundo genes propensos al delito. Otro gran porcentaje, con diferentes crisis; ante la descompensación emocional y sobrecarga de estrés ambiental, crean una exacerbación de síntomas, que habían estado bajo control en aparente ajuste. Tal es el caso de los sujetos "fronterizos", porque su estructura mental endeble y deficiente en controles internos, los predispone a desarrollar conductas enajenadas, depresiones existenciales, divisiones en su personalidad, cuando los afecta un disparador, como es el enfrentar dificultades para satisfacer demandas del ambiente.

La sociedad panameña tiene una innegable y profunda crisis de valores.

Una constante recordación de la impunidad que abriga nuestro sistema de justicia, la aparición de situaciones sospechosas, por ejemplo en los órganos del Estado, y también en algunas empresas y bancos, donde los delincuentes de cuello blanco y sus fechorías, han quedado disipados en un pantano de proporciones infranqueables. Esta violencia contra la población, ilustrada en imágenes perniciosas está dejando huellas en el subconsciente; como la de un diputado confeso blandiendo un fajo de billetes, aunada a la migración de agresividad que importamos de otros países; acicateada por la agresión de que somos objeto en videojuegos, novelas, películas, live shows y que se respira en todas partes, con la cual no nos acostumbramos a vivir todavía, en este tradicionalmente poco agresivo istmo.

La brecha social, cada vez más acentuada, el ascenso del costo de vida y las ofertas de la publicidad; la presión social, la moda y la necesidad de ser aceptado, en una sociedad que te mide por lo que tienes, más que por lo que eres. Donde el consumismo de nimiedades nos tiene inmersos de tal manera, que perdemos nuestro yo real, haciéndonos un vacío y una falta de identidad. Estos delincuentes, se dejan arrastrar por un estereotipo cultural, aferrándose al deseo de ser ricos y alcanzar las delicias que se pintan en los anuncios.

El arrebato de confusión, causado por las punzantes contradicciones entre el bien y el mal, los aliena con una ficción, donde substituyen su pobreza y limitaciones, por las de un héroe imaginario tomado de los modelos gansteriles que les muestra su vida. Así incuban una falta de sentido social, de respeto por otros; incapaces de contener sus problemas económicos, los cuales continúan plagándolos, a menudo con gran fuerza. Entonces, sobreviene una crisis de sus controles internos, la hazaña de robar, secuestrar o amenazar, toma dimensiones insospechadas, aderezadas con paranoia, ataques de pánico y completa descompensación emocional. La acción arriesgada, de alcanzar fortuna inmediata, los lleva al infortunio de una calle sin salida donde pasarán el resto de su existencia.

Se impone analizar las causas de la sociopatía: incremento en la violencia y la indiferencia ante el sufrimiento; es necesario que se introspeccione lo que nos pasa; orientar a la gente en los ambientes. Hay que buscarle a la gente cauces para descargar su frustración.

¡Urgen primeros auxilios psicológicos para nuestra sociedad!

El autor es psicólogo y escritor

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