| PREVENCIÓN.
Nuestra mejor herramienta
Roberto Moreno
En los últimos días, la comunidad se ha visto alarmada por hechos que han llenado de luto a varias familias y abonan a la percepción de inseguridad que tiene la ciudadanía.
El más reciente de ello, pero lamentablemente no el único, lo constituye el homicidio de dos jóvenes que laboraban como dependientes de un comercio, quienes fueron ultimadas por sujetos que asaltaron el lugar, y para no ser identificados posteriormente decidieron asesinarlas.
Por otro lado, se ha dado a conocer a la luz pública supuestos excesos cometidos por unidades de la Policía Nacional, entendemos que en el afán de controlar los elevados índices de delincuencia, que reiteramos, preocupan a los panameños.
En la medida en que la sociedad crece, ocurren varios fenómenos comunes a las grandes ciudades, entre ellos y lamentablemente, el aumento de la violencia en las calles.
Explican los tratadistas que el crecimiento poblacional, la mala distribución de las riquezas, la desintegración familiar, el desempleo, la ausencia de valores éticos y morales, son algunas de las causas profundas de la criminalidad, y están íntimamente ligadas entre sí, mientras que por otro lado, y aunque parezca una broma de mal gusto, existen causas inmediatas, como por ejemplo, el deseo de tener dinero en los bolsillos para los carnavales que se avecinan.
Es la solución a estas causas profundas, la que conseguiría erradicar este flagelo, y para ello se requiere de políticas serias de estado, que ataquen estas condiciones sociales y logren cambios positivos en el conglomerado social, ya que con aplicar manos duras o manos amigas, o aumentar penas, no se disminuyen en un ápice los índices criminales.
Esto lo afirmamos por el hecho de que ningún delincuente comete delitos esperando ser castigado. Muy por el contrario, aquellos que se dedican habitualmente a la comisión de ilícitos, lo hacen confiados en que su planificación es lo suficientemente buena como para garantizar el éxito en su empresa. En otras palabras, nadie que se dedica a robar, está preocupado por que se discuta en la Asamblea un aumento a la pena por robo, o por que le pueden echar cinco años, ni los homicidas que los pueden condenar a 12, si es que no los absuelve el jurado, o la lotería, como ellos le llaman, ya que esperan lograr cometer el delito y no ser atrapados.
Por el contrario, el aumento de penas lo que consigue es que aumente el problema de hacinamiento en las cárceles.
El tiempo que pasan los delincuentes tras las rejas, puede prevenir que afecten a los miembros inocentes de la sociedad con sus conductas delictivas, sin embargo, cuando cumplen las 2/3 partes de la pena y salen graduados de estas universidades del crimen, en las que han convivido con expertos en distintas materias delictivas; la mayoría ha perdido cualquier grado de temor o respeto por las normas que regulan las relaciones del hombre en sociedad, ya que lo que han vivido no tiene comparación con nada que pueda ocurrirles fuera de ellas.
Aunado a lo anterior, cuando salen de la cárcel no encuentran trabajo, ya que son estigmatizados como ex convictos y no existen incentivos fiscales para su contratación, mientras que además de la pena de prisión, se les inhabilita para el ejercicio de funciones públicas, es decir, no los contrata la empresa privada porque el sistema no garantiza su resocialización, y tienen prohibido trabajar en el gobierno que debió haberlos "resocializado", por lo que con frecuencia no queda otra que volver a delinquir.
Por otro lado, el desarrollo social lleva de la mano el desarrollo de los derechos humanos y políticos, con los que las garantías constitucionales y legales a las que tienen derecho tanto las personas respetuosas de la ley, como los delincuentes, deben respetarse, y esto en algunas ocasiones favorece la impunidad y dificulta la labor de los funcionarios del orden público, quienes muchas veces, por cumplir con su deber, se tienen que enfrentar a procesos, con la finalidad de demostrar que actuaron correctamente, y no pocos prefieren, ante esta realidad, hacerse de la vista gorda y no jugar con el pan de sus hijos por atrapar a un criminal.
En ese orden de ideas, los criminales a los que se les deben respetar sus derechos, no respetan los de las víctimas, como fue el caso de estas jóvenes, ni siguen ningún tipo de reglas, incluso el crimen organizado tiene acceso a medios tecnológicos, sin mencionar armamento de última generación, mientras que nuestros uniformados deben enfrentarlos en las calles con revolver y tolete, y tienen que esperar a que les disparen primero a ellos o a un tercero, y que esto esté debidamente probado, para poder contestar.
Podemos concluir que estamos en un país en desarrollo, y esto tiene sus pros y sus contras, por un lado, hay libertad de expresión, respeto a las garantías fundamentales, entre otras cosas que en algún periodo de nuestra historia nos hicieron falta, y por otro hay mucha gente que carece de medios para obtener el sustento mínimo, o las cosas que consideran deben tener para vivir, por lo que cometen delitos para satisfacer necesidades, a veces básicas, otras veces no tan básicas como es el caso de los delincuentes de cuello blanco, y mientras existan desigualdades insalvables en nuestra sociedad, existirá el crimen como respuesta social.
El autor es abogado
Además en opinión
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