| EXÁMENES MÉDICOS.
La certificación y recertificación
Rolando Rangel
Sin entrar en detalles de la reglamentación de esta monstruosidad, parece que Panamá no es tierra de mariposas, sino de cangrejos, caminando para atrás. Y lo peor de todo es que los autores del medicidio (algo parecido a magnicidio) son algunos que imparten clases en la Universidad Nacional y por supuesto, en el resto de universidades privadas legalmente reconocidas por la casa de Méndez Pereira.
Hace no se cuántos años, Panamá firmó tratados de convalidación de títulos profesionales con países de reconocida trayectoria docente. Se llamaron convenios culturales y permitían que los egresados de sus universidades tuviesen el derecho de ejercer la medicina y otras profesiones sin tener que someterse a un examen profesional. Pero en 1970, el ministro de Salud de entonces, egresado de una universidad brasileira, hizo el intento de imponer la reválida, no para los egresados de la Universidad Nacional, sino para los médicos provenientes de otras latitudes amparados por los convenios, después de cumplir con los dos años de internado que exigía la ley.
Y se desató el infierno. Los grupos médicos de internos, egresados de la Universidad de Panamá y del exterior se unieron un un solidario abrazo poniendo su clamor al cielo y hasta visitaron al general Torrijos en su hamaca de Río Hato. Su argumento era muy simple, si eramos buenos para hacer un internado en la capital y después otro año más en el interior, si Pablo Pueblo recibía nuestra atención profesional de forma idónea, por qué entonces tener que pasar un examen para ejercer la medicina en forma privada.
Torrijos pudo tener muchos defectos, pero poseía lo que los gatos políticos viejos poseen, el don de saber cuándo aplicar la política justa. Bastó una llamada telefónica a su ministro y el proyecto acabó sumergido en el mar de la ignominia. Victoria para todos los que nos quemamos las pestañas y dedicamos al menos seis años de nuestras vidas para aprender a curar y dar salud a nuestros congéneres.
Pero volviendo al cangrejo, 36 años después un grupejo de profesionales de la salud sale con esta aberración nuevamente, ya no solamente para ejercer privadamente, sino además para poder hacer el internado. Y lastimosamente hay colegas que justifican plenamente esta medida y hasta le ponen nombre, "Sandalio", una mirada de pensamientos vacíos y además injustificables. Será que es porque a él no le hicieron la prueba. Sería interesante que lo hicieran para ver si pasa. Y la pregunta obligatoria es, ¿quién se beneficia con todo esto? ¿A dónde van a parar los dineros que los estudiantes egresados tienen que pagar por ese examen? Tarea para el Contralor, quien debe decirle a la ciudadanía qué monstruosidad hay detrás de todo esto.
Y nos preguntamos, ¿por qué la Universidad de Panamá mancha su nombre avalando esta estupidez? Si yo me gradué en ella, permitir que se me imponga un examen profesional es un reconocimiento tácito de que su altura académica deja mucho que desear. Y de ser así, ¿por qué los que imparten aulas en esa casa de estudios permiten que los insulten poniendo en tela de dudas su capacidad docente? En la Universidad Nacional hay una regla de oro, el que no tiene coco no se gradúa, aunque tenga los padrinos que aduce el colega especialista en corazones. De ser justos, entonces pongamos a prueba la capacidad de los docentes de nuestras facultades de medicina a ver si pasan con excelencia la prueba extranjera, del National Board. Dejar en manos extranjeras el decir si la gente vale o no es un reconocimiento a su propia incapacidad de crear mecanismos que aseguren la formación de excelentes profesionales en nuestro país.
Y para terminar, si esto se hace con los médicos y odontólogos, por que no con los abogados, los ingenieros, las enfermeras y por allí sigue la lista. Hay un dicho que reza: "Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo". Al estilo chavista, "ojo compañeros".
El autor es médico
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