| informe.
Triunfo indiscutible de las democracias
Gerardo Martínez-Solanas
Atravesamos un período de expansión y consolidación democrática que corresponde proporcionalmente a un número creciente de países industrializados y progresistas. En 1950 sólo 22 de 80 países independientes (28%) eran considerados democráticos. Hacia 1974, podían contarse 39 democracias, apenas un 27% de los 144 países independientes de entonces. Hoy día Freedom House identifica 120 democracias (63%) entre 190 países representados en Naciones Unidas.
Desde la caída del muro de Berlín a comienzos de 1990 las democracias se han ido convirtiendo en el centro indiscutible del poder mundial. En 1991 ya eran la mitad de los países independientes del mundo y hoy día son prácticamente las dos terceras partes.
Valga aclarar que hay muchos grados de democracia y que entre estos 120 países, los que van a la zaga en diversas calibraciones internacionales sobre su eficacia y autenticidad dejan mucho que desear y pueden calificarse como seudodemocracias, tales como Georgia, Sierra Leona, Macedonia o Venezuela, entre otros. Una de estas calibraciones (el World Audit Report) que tiene en cuenta tanto el mecanismo electoral como la libertad de prensa, el nivel de corrupción administrativa y otros parámetros igualmente pertinentes, destaca a Finlandia, Dinamarca, Nueva Zelanda, Suecia, Suiza, Noruega, Holanda, Australia, Reino Unido, Canadá, Austria, Alemania, Bélgica, Irlanda, Estados Unidos, Francia, Chile, Portugal, España y Estonia, en ese orden, como los más democráticos del mundo.
Es notable que todos ellos son países industrializados y en franco desarrollo a un nivel que algunos han alcanzado en poco tiempo, como Chile, Portugal, España y Estonia, a partir de su transformación democrática. En América Latina siguen Uruguay en 22º lugar y Costa Rica en 24º a gran distancia por delante de los demás.
A la zaga del resto de Iberoamérica, Haití y Cuba no aparecen siquiera en la lista de Freedom House y ocupan a su vez los lugares 124 y 140 respectivamente, y Venezuela, que sí aparece, es 121º del total de 149 países calibrados en el World Audit Report. Notablemente, son países que han retrocedido en su desarrollo desde que abandonaron la democracia, como los casos de Venezuela con Hugo Chávez y Cuba con Fidel Castro, o que se han mantenido estancados durante toda su historia, como es el de Haití.
Todo esto contradice la visión ominosa de muchos que proclaman la decadencia de la democracia debido a la ineficacia que perciben entre muchas así denominadas que se encuentran al final de estas listas y que, por lo tanto, no lo son a cabalidad.
Lo que ha ocurrido en Venezuela, lo que podría ocurrir en Bolivia en vista de la admiración del presidente Evo Morales por los patrones cubano y venezolano, los resultados negativos de las urnas en el Irán o en Palestina que implican una regresión al fundamentalismo dogmático y autoritario, o incluso los resultados ambiguos del Irak, un país que no existe porque está fraccionado irremediablemente en tres nacionalidades que se odian a muerte, son anomalías perversas que, sin embargo, apuntan al concepto democrático como único medio de progreso y manifestación de la voluntad popular.
Es así porque en todos ellos se celebran consultas populares, por deficientes o amañadas que sean, que implican que ni siquiera en esos países de larga tradición autoritaria y opresiva puede gobernarse ya sin aparentar algún grado de democracia. ¡Triunfa el concepto aun donde no se aplica debidamente! Y esa realidad debe alimentar nuestro optimismo hacia un futuro mejor donde los pueblos hayan tomado en sus manos las riendas de sus destinos.
Los países que no se encuentran siquiera entre esos 120 que identifica Freedom House como democráticos, están cada vez más atrasados en el progreso de la humanidad y sus gobiernos totalitarios, autoritarios o dogmáticos no podrán sostenerse por mucho más tiempo.
Impertinentes anacronismos en una era de progreso mundial.
El autor es economista y politólogo
Además en Perspectiva
• La paradoja democrática islámica • Triunfo indiscutible de las democracias • Un futuro para Palestina
|