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Reportaje especial
Panamá, martes 7 de febrero de 2006
 

EDUCACIÓN.

La pedagogía es ciencia y arte

Paulino Romero

Nuestra tesis de partida es como sigue: a la pedagogía no se le puede negar su carácter científico propio, ni tampoco se le debe quitar la historicidad como punto determinante. La razón es muy sencilla: la pedagogía es, a la vez, ciencia y arte de la educación. Partimos así del hecho cierto de que la educación toma esencialmente parte en la historicidad que separa la existencia humana de la animal y queda históricamente determinada en todas sus metas, en sus formas de verificación y contenidos.

Además, debemos tomar muy en cuenta que toda tarea educativa acontece en el suelo histórico de la actualidad de vida concreta y social, está ya determinada en sus impulsos desde la tradición, se contempla vinculada o conformada en su realización de fuerzas e influjos superindividuales históricamente acuñados, se sirve del lenguaje transmitido, se remite a instituciones a su vez históricas, encuentra en horizontes perfilados contenidos espirituales que deben ser transmitidos. Por eso, una pedagogía científica en cuanto ciencia del hombre no puede prescindir de su historia.

Algo más todavía: tomemos como nuestra la definición dada por el Dr. Juan José Arévalo, cuando habla de la pedagogía, y lo hace en un sentido amplio y profundo. "La Pedagogía —afirma Arévalo— a diferencia de otros órdenes del saber universal, no puede olvidar ni por un momento la realidad social circundante. Sin confundirse con la medicina ni con la religión (urgencia y trascendencia), la pedagogía recoge el saber de los siglos para aliviar en lo posible la penuria espiritual de las multitudes, en apostólico propósito de convertir la horda en comunidad y el individuo en persona quitando al "yo" zoológico las ásperas aristas hasta diluirlo en la onda espiritual del "nosotros". Sin confundirse con la sociología, la pedagogía supone suficiente comprensión de la economía social contemporánea; esa comprensión de lo actual, aliada con la experiencia secular de otros pueblos, se fusiona en la piadosa preocupación pedagógica, que no es precisamente postura académica sino realización inmediata en la comunidad.

Sin confundirse con la filosofía, la pedagogía supone una visión panorámica de pensamiento universal y un criterio propio que permita mirar desde lo alto el camino que se sigue y aconsejarlo con profunda convicción. Sin confundirse con psicología, la pedagogía supone a la vez contacto social, constante y avisado con las masas populares, con los jóvenes de las escuelas, con la niñez de los campos, con los hombres de gobierno, con familias de todas las situaciones y contrastar con frecuencia los propios mediante recursos científicos, a fin de explorar en todas sus manifestaciones la realidad psíquica sobre que se quiere operar.

Sin confundirse con la política, la pedagogía entraña clara conciencia de los fines supremos de la nacionalidad, cierto conocimiento de los factores que concurren a su vida y no poca sensibilidad y para adivinar las causas de su relajamiento en el engranaje legal y politico vigente. Y compartiendo todo eso, la pedagogía es, además, lo que no es ninguna de las mencionadas disciplinas, pues por esencia propia ella estudia la naturaleza de la proyección espiritual formativa, proyección que se verifica de hecho como consejo y previsión que los adultos alojan en la inexperta conciencia de las nuevas generaciones".

No obstante, los señalamientos pedagógicos del Dr. Arévalo, reconocemos incluso, que la Ciencia de la Educación, como ciencia del óptimo alcance de las metas de enseñanzas dadas, puede ser por principio utilizada —para bien o para mal— en función de cualquier fin político. La Ciencia de la Educación como instrumento valorativamente neutro, puede estar al servicio tanto del capitalismo, como del comunismo o socialismo; tanto al servicio de la democracia como al de la dictadura. El problema de quién utiliza este instrumento, no es problema científico, sino político. Ahora bien, el concepto "ciencia" ha adquirido sin duda en la conciencia de la población un significado especial: el significado de la verdad y la objetividad, de aquí que esta palabra se convierta en un efectísimo instrumento en la lucha política, en cuanto que es utilizada para vender e imponer programas políticos, bajo la etiqueta de verdad y objetividad científicas.

Después de lo expuesto, queda claro que el propósito que nos anima no es sólo el de dar una introducción sistemática a la pedagogía como ciencia y arte de la educación, sino también el de desenmascarar e inutilizar el abuso político del que este concepto ha sido objeto.

Este breve y simplificado esbozo pone de manifiesto, sin más, el carácter científico, la dimensión histórica y los problemas decisivos de la pedagogía. Pone, también, en evidencia, que la historia del problema pedagógico, y sólo ella, es por demás fundamental para el descubrimiento de la realidad educativa.

El autor es pedagogo, escritor y dipomático

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