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Reportaje especial
Panamá, sábado 28 de enero de 2006
 

Cambios.

Analfabetos políticos

Carlos Alberto Rosales Purizaca

Este año es decisivo para América Latina, pues los resultados de las elecciones perfilarán el camino político e, irremediablemente, vislumbrará el futuro social, económico y democrático de nuestra región. Soplan nuevos vientos en este acontecer, y si queremos construir un escenario coherente que garantice seguridad jurídica, inversión privada, educación de calidad, libertad individual y un acceso al libre mercado; debemos exigir un ciudadano responsable con su voto, personas cívicamente educadas que sepan asumir con una actitud crítica y objetiva lo que mejor les conviene para su país.

Lamentablemente muy pocos ciudadanos poseen una educación ciudadana adecuada que les lleve a emitir un voto pensando no con el corazón sino con la inteligencia. Por tanto, estamos siendo testigos de un sufragio de analfabetos. No tanto porque sean cerca de 40 millones de analfabetos adultos los que se encuentran en América Latina y el Caribe (Unesco-Cepal, 2005); sino porque la educación que recibieron fue tan catastrófica y tercamente limitada a asuntos irrelevantes para la vida, que será muy difícil revertir la opinión de millones de personas que creen que el populismo, la demagogia, el autoritarismo y el oscurantismo son las mejores fórmulas para gobernar un país.

El hecho de que hoy América Latina se dirija desde el centro hacia una izquierda más radical y populista, aunque con ciertos matices, es una consecuencia de una pésima educación cívica. Porque a lo largo de estos años nos damos cuenta que no hemos educado personas democráticas sino unos ciudadanos que padecen de un "paternalismo" agudo, que todo lo esperan del Estado, que resquebrajan la estabilidad económica y que por tanto terminan siendo socialmente irresponsables. Un hecho que lo demuestra son los resultados del Latinobarómetro, donde se precisa que una buena porción de latinoamericanos prefieren un sistema autoritario, siempre y cuando les genere mejoras económicas.

El ciudadano que fue estafado con una pésima educación pública quizás no tenga la culpa de que sus gobernantes hayan mirado con tanto desdén su formación como persona, como padre, como profesional, como ciudadano. Los políticos en actual campaña electoral y los presidentes que ejercen sus mandatos, tienen el legítimo derecho de ayudar a que ese ciudadano crezca económicamente, pero no a costa de la desinversión, del populismo, de la retórica barata. Porque bien sabemos que las políticas sociales demagógicas en vez de ayudar al ciudadano a crecer, lo han sumido en la más trágica miseria e ignorancia.

Otro factor que influye es ese descontento de los ciudadanos hacia la política en general. Durante las últimas décadas muchos latinoamericanos fueron testigos de cómo los personajes políticos en quienes confiaron, terminaron apropiándose de los medios de comunicación, sumiéndose en la más repugnante corrupción jamás concebida en la historia, promoviendo regímenes autoritarios, anacrónicos y vergonzosos como sucede hoy en Cuba y Venezuela.

Este será el año del sufragio de los analfabetos, no sólo porque esos 40 millones de adultos que no recibieron educación, representan un buen porcentaje del electorado, sino también porque existe otra buena porción de gente que aun cuando recibió una educación básica, terminó siendo "analfabeta política", seducida fácilmente por cualquier político irresponsable familiarizado con una izquierda populista. La única forma de revertir esta situación es que ese otro porcentaje de ciudadanos cívicamente críticos con una profunda madurez política y económica eduquen a sus pares para que no cometan errores de los cuales se puedan arrepentir de por vida.

No dejemos que los políticos demagogos se aprovechen astutamente de esta orfandad educativa en la que penosamente se encuentra gran parte del electorado, sino más bien, ayudemos a los demás a aclararles el verdadero camino que nos conduzca a un verdadero desarrollo democrático donde se respete la libertad individual, el libre mercado, la igualdad ante la ley y un estado de derecho convincente.

Firmas Press


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