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El Canal y la electricidad
Milton Vargas Jurado
Una de las murallas más altas y fortificadas que logramos saltar los panameños, fue, lo que propios y extraños pensaron en su tiempo, acerca de la eficiencia norteamericana demostrada en la administración del Canal de Panamá, versus la supuesta ineficiencia en la que caería una vez ésta fuese traspasada a manos panameñas.
Los argumentos en pro y en contra eran sólidos, entre los cuales cabe señalar, la natural inclinación por parte de los políticos en intervenir en la cosa pública con fines partidistas.
El resultado habla por sí solo. La meritocracia ha sido parte vital, durante toda la existencia de la vía acuática, en la escogencia y permanencia del personal que labora ahí. Por lo tanto, las sombras negras que intentaban aterrar a ciertos sectores, locales y foráneos, se han visto desvanecidas por la eficiencia demostrada. Sí somos capaces, los panameños.
El punto ahora, a mi juicio, es que transfiramos toda esta experiencia hacia otros sectores de la administración pública. En otras palabras, hay que "canalizar" a los panameños.
Mucho se escribió, en muchos sentidos, acerca de la privatización de los servicios públicos. El tiempo ha dado la razón a aquellos que se opusieron y que concordaban que, todos estos servicios se iban a encarecer. Era más que lógico suponer esto; a fin de cuentas, las empresas son negocios que buscan rentabilidad en sus inversiones, y por ende, esta rentabilidad, que genera ganancias para ellas, encarece estos servicios.
¿Qué si se ha mejorado y modernizado el servicio de la luz, y la telefonía, gracias a estas privatizaciones? Sí. Pero igual lo ha hecho la ACP en todos los servicios, que son monumentales, de la vía interoceánica.
Las empresas que negocian con la luz y la telefonía rinden grandes beneficios económicos, en primer lugar, a sus inversionistas, convirtiendo todas estas ganancias en fugas de divisas, y en segundo lugar, al erario público. Es en este punto en donde está el meollo del asunto. El Canal de Panamá se maneja con criterios de gran eficiencia, en todos los aspectos administrativos, y, por ende, sus presupuestos están elaborados en esa dirección. No es una empresa que deba producir ganancias. Su contribución al Estado está en los excedentes, que son sumas multimillonarias.
¿Por qué no aplicar, entonces, esta experiencia hacia el sector de los servicios públicos, en general? Bien puede el Estado crear una entidad que, con todo lo aprendido del Canal, administre eficientemente, los servicios de luz, agua y teléfonos. Con esto lograríamos que todos esos millones de dólares, que salen de nuestra economía, en forma de ganancias, formen parte integral de una rebaja sustancial de lo que ya son exorbitantes sumas que cobran estas empresas, en detrimento del interés público y social.
Mientras tanto, en la frontera con Costa Rica, hay varias comunidades rurales panameñas, que no cuentan ni con luz ni teléfono. Da pena ver que, de una simple mirada, en el lado tico, en las mismas condiciones de vida de campo, los habitantes de esos lares, sí gozan de ambos servicios públicos.
El autor es productor audiovisual
Además en opinión
• Sagitarios de la libertad: Carlos Iván Zúñiga Guardia • La nueva violencia urbana ¡sálvese quien pueda!: Carmen Quintero Russo • Callejón sin salida: Carlos Penna Franco • Reflexiones energéticas: Silverio Henríquez Armuelles • El Canal y la electricidad: Milton Vargas Jurado
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