| delincuencia.
La nueva violencia urbana ¡sálvese quien pueda!
Carmen Quintero Russo
Al leer los periódicos o escuchar las noticias enfrentamos una realidad estremecedora en donde sobresalen crímenes, secuestros, robos, asaltos, extorsiones, en fin toda clase de acciones violentas que pueden afectar a todos por igual. Se trata de una violencia de orígenes sociales ligada al empobrecimiento de la población que ha ido en aumento. Este proceso ha creado condiciones de exclusión laboral para una gran parte de la población, en especial la población joven. Estos sufren las consecuencias de la "deprivación relativa", al ser expuestos a altas expectativas de consumo que no pueden satisfacer.
La nueva violencia urbana es una desalmada violencia delincuencial que contrasta con la otrora violencia política que en mayor o menor grado ha estado presente en nuestra vida cotidiana a través de los golpes de estado, las protestas, la represión y la falta de una verdadera democracia participativa. Esta expresa los conflictos socioeconómicos y las innumerables carencias de la vida cotidiana resultantes del empobrecimiento y la desigualdad.
Los cambios producidos en la estructura económica, ligados a procesos de modernización e innovaciones tecnológicas, han afectado el mercado laboral y la distribución del empleo, lo que ha favorecido procesos de exclusión laboral. Las reglas del juego han cambiado en lo que respecta a los mecanismos de participación en el mercado de trabajo favoreciendo a ciertos sectores de la población, en especial a aquellos con mejor nivel educativo. Se ha producido un aumento de desempleados crónicos. Igualmente se observa un notable crecimiento del sector informal. Este tipo de exclusión laboral es un factor clave en el crecimiento de la violencia urbana, ya que alimenta la insatisfacción de las expectativas.
Los medios de comunicación tienen la capacidad de llegar a todos los sectores y a través de anuncios comerciales, novelas y otros, crean en cierta medida una falsa conciencia de la posibilidad de acceso a los bienes y servicios que anuncian. La realidad es que todos podemos desear adquirir joyas, carros, casas, ropas, comidas, etc., pero no todos podemos comprarlos. La desigualdad social le pone freno a la libertad de poder comprar lo que se quiere ya que no todos tienen empleo y aquellos que lo tienen ganan diferentes salarios.
El sentir que no se tienen posibilidades de mejoramiento económico ni social genera una brecha entre las aspiraciones y expectativas de una vida mejor por un lado y las posibilidades de alcanzarlas. Esto genera insatisfacción y frustración y el tipo de violencia asociada al delito que sirve de medio para obtener lo que no es posible adquirir por los medios socialmente aceptados.
La violencia presenta diversas formas según las condiciones en donde florece, lo que plantea retos al sistema de justicia, que no se actualiza a la misma velocidad que el crimen. Sus mecanismos de control social se vuelven inoperantes al aumentar los infractores, la cantidad y variedad de los delitos. Por otra parte, el castigo ha perdido su fuerza disuasiva tanto real como simbólica, ante la impunidad imperante, la conspiración, la complicidad y el encubrimiento de los organismos de seguridad y de ciertos sectores.
¿Qué es lo que ve el ciudadano común ante el crimen y la violencia? El triunfo del "juega a vivo", pues los castigos son pocos y tardíos. La realidad ofrece un panorama contradictorio. Cuando se castiga a los delincuentes estos van a parar a cárceles donde se promueve la violencia en vez de tratar de disminuirla. Las viejas fórmulas de las instituciones de justicia han perdido vigencia y no se ajustan a la realidad de la nueva violencia. El proceso de globalización que tan intensamente afecta el entorno mundial al combinarse con las particularidades socioculturales de nuestro país han generado estas condiciones: la gente mata y agrede a otros, roba y destruye lo ajeno por una combinación de factores tradicionales como la miseria de siempre y por factores globalizados como el acceso a la ropa de moda.
La autora es sociologa
Además en opinión
• Sagitarios de la libertad: Carlos Iván Zúñiga Guardia • La nueva violencia urbana ¡sálvese quien pueda!: Carmen Quintero Russo • Callejón sin salida: Carlos Penna Franco • Reflexiones energéticas: Silverio Henríquez Armuelles • El Canal y la electricidad: Milton Vargas Jurado
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