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Una semana después de que secuestraran a dos ciudadanos españoles en la frontera de Panamá con Colombia, la Policía Nacional organizó una gira para periodistas a la zona. Donde el pasado miércoles no había un solo agente, ahora se podía ver a camuflados tirados por el piso cargando metralletas; en la desierta playa de El Guayabo por fin se sintieron las pisadas de las botas policiales.
Pero lo preocupante es que este espectáculo mediático se produce para que las cámaras filmen en acción a nuestros protectores. Hay un problema de seguridad en nuestra frontera y ocultarlo con el destello de los flashes no es la solución.
Es probable que se necesiten más recursos económicos o que haya que reorientar parte de la política de seguridad, y sería bueno conocer cuáles son los planes a futuro. La sensación general es que Darién es territorio libre para maleantes. Tememos que una vez pasado el momento noticioso todo vuelva a la normalidad: a la tropa acuartelada, a la inseguridad y al miedo de vivir que se respira en Darién. |