El balón no se mancha
Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
OPINIÓN. Hace tres años yo fui uno de los que veía bien que a los clubes de la Anaprof se les diera la oportunidad de votar en la escogencia de la junta directiva de la Federación Panameña de Fútbol, cuando se hicieron las modificaciones a la resolución que rige el deporte nacional. Me parecía oportuno porque pensaba que si había alguien que estaba invirtiendo en el fútbol doméstico, mal o bien, eran precisamente los clubes, por lo que me decía que quién más que ellos para que tuvieran la oportunidad de votar.
Entre otras cosas, me parecía que los presidentes de ligas provinciales no eran los más aventajados para que decidieran el futuro del fútbol, como está contemplado en la ley, porque de todos era conocida la reputación y la falta de credibilidad de la gran mayoría de estos señores. Hubo opiniones encontradas.
Algunos me llegaron a tildar de cuadrado con Ariel Alvarado y todo su séquito. Pero era mi opinión. No la de este medio en el que laboro, sino la mía. Los días me dieron la razón. El jueves en la noche el presidente de la liga de Coclé, Luis Bethancourt, se puso la máscara con la que siempre hemos conocidos a estos provinciales.
Fue bochornoso y repugnante lo que hizo este provincial de Coclé. El hombre que había impugnado el acto eleccionario del 2003 y que la Corte Suprema de Justicia falló a su favor a finales del año pasado, se cambió de bando y sin ningún tipo de miramientos ni vergüenza, estuvo esa noche entre los provinciales que emitieron su voto en la escogencia de una comisión interna que ejercerá el control mientras la Federación Panameña de Fútbol recobre su status, y que quedó presidida por Ariel Alvarado, el mismo que Bethancourt había impugnado.
Una muestra más que algunos provinciales siempre están disponibles para vender su honor al mejor postor.En lo particular siento pena que el fútbol esté caminando para atrás en materia de dirigencia en tiempos en que los jugadores lo están haciendo para adelante. Por un momento pensé que habíamos superado ese mal de antaño, pero qué va, es todo lo contrario.
La dirigencia sigue atascada en el mismo atolladero. Después del fallo de la Corte Suprema de Justicia y del Inde, lo más sensato e inteligente hubiese sido que el presidente de la federación de fútbol hubiera dado un paso al costado, para que otros se pusieran al frente de esta comisión interna. Sin embargo, Ariel Alvarado ha querido ser juez y parte yendo en contra de los principios básicos de su profesión de abogado. A esta alturas de la película la figura de Alvarado no es bendita.
Todos sabemos que Alvarado ganó las elecciones del 2003 por la irregularidades que se le hizo a los reglamentos internos de la comisión normalizadora que él presidía y que en un madrugonazo, con la complicidad del dirigente de Concacaf Rafael Salguero se cambiaron las reglas del juego para que él y Ramón Cardoze pudieran entrar a formar parte de un nómina electoral, cuando desde un principio estaban impedidos. Fue la única manera como Alvarado pudo ser presidente de una federación. Las dos veces anteriores había perdido con Rogelio Paredes y más tarde con Marco Ameglio, al que impugnó más adelante.
Que quede claro que nadie puede desconocer que bajo el mandato de Alvarado se haya ido a dos mundiales juveniles y se llegara por primera vez a la liguilla final de una eliminatoria mundialista, pero eso no le exonera de su situación actual. Lo que se ha conseguido en materia de fútbol con las últimas selecciones ha sido en parte por el desarrollo que han tenido los mismos jugadores y porque el trabajo de las federaciones de fútbol se han centrado principalmente en la preparación y participación de las selecciones nacionales en eliminatorias. Si echamos una mirada para ver qué se ha hecho por el fútbol en el resto de toda la República, vemos que no ha sido mayor cosa.
Nada ha cambiado. Ni siquiera con la Anaprof. El boom del fútbol en las eliminatorias mundialistas es un fenómeno social. Y se mantendrá igual o mejor, con Ariel Alvarado o el que esté al frente de la federación. Por su mismo fenómeno de masas. Independientemente de todo lo que dejó el fútbol local el año pasado, eso no cambia para nada la figura de Ariel Alvarado. Hoy más que nunca su presencia le está haciendo daño a este deporte en materia de dirigencia.
Basta echar una mirada a la manera cómo ha entrado Alvarado a todas las organizaciones que ha presidido en los últimos años, para darse cuenta que en todas su llegada ha estado en entredicho. Ni una sola se pudo dar de manera transparente. Es una pena, porque en todas se manchó el balón.
El autor es periodista
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