| COsta de marfil.
La misión de la ONU, al borde del fracaso
Ulrike Koltermann
Algunos de los jóvenes vándalos llevan pintada la cara o llevan sobre la cabeza una especie de gorro de hojas de palmera para camuflar su identidad. Desde hace varios días tienen Abiyán, la metrópolis económica de Costa de Marfil, en sus manos. Bloquean las calles con neumáticos ardiendo, destrozan las ventanas de los coches y molestan a los extranjeros blancos.
El Gobierno paga a los llamados Jóvenes Patriotas para que lo hagan, se dice. Pero esto no se puede probar. El dueño de una panadería francesa clavó tablones sobre su escaparate por miedo a la turba.
Lo que es seguro es que los "Jóvenes Idiotas", como algunos los llaman en Abiyán, le hacen el juego al presidente Laurent Gbagbo, cuando protestan contra la presencia de las tropas francesas y de la misión de la Organización de Naciones Unidas. Muchos coches de la misión de la ONU fueron incendiados, manifestantes rompieron muros en torno al cuartel general de la ONG allí y los cascos azules emplearon gas lacrimógeno. En el oeste del país mataron a al menos cuatro manifestantes.
Ante la embajada francesa, jóvenes exigieron la retirada de todas las tropas extranjeras. "No los queremos más aquí! Fuera los franceses y la ONU!", vociferaron.
El motivo de los recientes disturbios fue la recomendación que dieron mediadores internacionales de disolver el Parlamento, cuyo mandato concluyó ya en diciembre.
La misión de la ONU en Costa de Marfil (ONUCI) está al borde del fracaso, según la opinión de observadores políticos. Llegada para apoyar el proceso de paz entre el Gobierno y los rebeldes del norte, ahora los simpatizantes del presidente la atacan calificándola de "intrusa". Los pocos extranjeros que viven aún en Abiyán están por su parte furiosos con la ONUCI porque no hace nada reconocible para parar las acciones anárquicas en las calles.
"Los cascos azules tendrían que poder parar a estos jovenes armados con palos y barras de hierro", se acalora un diplomático. "Uno se pregunta realmente por qué están entonces aún aquí".
El secretario general de la ONU, Kofi Annan, se había pronunciado a principio de año a favor de aumentar en la mitad las tropas de Naciones Unidas. Pero son pocos los países que están dispuestos a mandar a sus soldados a una zona de conflicto semejante.
Actualmente hay unos 7 mil soldados de Naciones Unidas en el país africano, procedentes entre otros de Bangladesh, Togo y otros países africanos. Una gran parte de ellos se encuentra a lo largo de la zona tapón entre el sur y el norte, controlado por los rebeldes. El país sigue dividido, a pesar de un tratado de paz y numerosos intentos de mediación. Entre otras cosas, sufre sobre todo la economía del segundo mayor productor de cacao del mundo.
El presidente se lo pone todo a sí mismo muy fácil al echarle la culpa de la situación de su país a las tropas extranjeras, opinan sus críticos. Al fin y al cabo, el país llegó hace dos años hasta el punto de que los rebeldes colocaron algunos ministros y hubo calendarios para el desarme de milicias y para celebrar elecciones.
"En este momento parece que la situación es que el país está tan alejado de unas elecciones como nunca antes", opina un diplomático.
DPA
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