| dictadura.
Tras 30 años del asalto a la APEDE
Enrique Arturo de Obarrio
Luego de días de protestas pacíficas protagonizadas en la sede de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa, un 20 de enero de 1976, la dictadura intentó acallar la voz de unos pocos quienes se atrevían a exigir el respeto a los derechos humanos. Condenaron al exilio a valientes patriotas panameños, entre ellos a cimeros miembros de la APEDE, por el pecado de exigir, a voz en cuello, libertad.
A la misma asociación se le hizo pagar su osadía con el saqueo cobarde y cierre de su sede. De aquella gesta, hace tres décadas, surgieron enseñanzas profundas de unos que se atrevieron a decir no, cuando hacerlo significaba jugarse el pan y ganarse un exilio.
A los diez años de la gesta, y ya de vuelta los otrora exilados, aplicaron su pasión a colaborar con una Cruzada Civilista Nacional que también nace de APEDE, misma que lideraba la lucha contra el dictador Noriega.
Así, cada que vez la dictadura pretendió escarnecer y desprestigiar a las voces disidentes, los elevaba a "ejemplo imborrable". Más aún, con el exilio les dio el enorme privilegio de pervivir, de sobrevivir al tiempo.
Hoy, en democracia y con nuestra soberanía completada, las metas las ubicamos en la búsqueda de la transparencia en la gestión gubernativa, la participación ciudadana, laética, la responsabilidad social, la competitividad y el desarrollo de las instancias políticasy económicas. Ahora, luchamos por la gobernabilidad como pilar del desarrollo económico y social.
Los enemigos son otros: la pobreza y el subdesarrollo. Seguimos luchando, aunque no pretendemos el derrocamiento del Gobierno, muy por el contrario, aspiramos a perfeccionar el Estado, hacerlo más eficiente y ético. Seguimos luchando con el mismo ahínco por un mejor país, ahora, con la propuesta de un Plan de Desarrollo Nacional, por una Ley de Transparencia que permite la participación ciudadana, la reforma de la ley del Seguro Social, mientras dedicamos nuestra CADE 2006 a los "Partidos políticos, sus crisis y desafíos".
Hoy, las amenazas de los beneficiarios del status quo resultan más sutiles y acordes con los tiempos, no tan evidentes como el rastro de sangre de la bayoneta. Ahora, no practican el exilio, sí la descalificación ante la opinión pública.
Con el ejemplo de los exilados, la APEDE fortaleció su voluntad de responder a los mejores intereses del país. Blandimos con orgullo el que la asociación entonces puso su cuota y nunca guardó silencio cómplice. Aunque, sigue difícil el convencer de la intención patriótica que nos acompaña a quienes sienten la presión de nuestra verdad crítica y de nuestra independencia de pensamiento.
El adversario también mimetizó su método. Del garrote y exilio, transitó a la muy democrática descalificación en los medios de difusión. El descalificador adopta disfraces de funcionario responsable, analista, pensador, político, ciudadano, hasta de buen samaritano.
Resulta mucho menos ubicuo que el casco y el tolete que acompañaban al tirano. Y el efecto descalificador, mucho más limpio y difícil de seguir que aquel rastro de sangre que dejaba la bayoneta. Y a veces, hasta nos derrota.
Pero, de los exiliados aprendimos que los ciudadanos tenemos que volver a ponernos de pie cuando nos tumbe el costo de adversar, que hay que persistir con toda nuestra fuerza, y rogar que ojalá la historia nos recuerde.
De aquellos patriotas emergieron directores de medios, ministros de Estado y otros funcionarios, empresarios exitosos y, sobre todo, maestros de nuevas generaciones, calificativos que reservamos para dignificar a quienes cotizaron alta cuota por la libertad, y para los que hoy recogen el ejemplo y utilizan la paz para perfeccionar aquel ideal democrático en aras de ese Panamá justo y equitativo que añoramos.
El autor es presidente de APEDE
Además en opinión
• Américas conectadas…¿o desconectadas?: I. Roberto Eisenmann Jr. • Evo Morales y la realidad kuna: Simón Herrera G. • La evolución de la ‘coima’: Carlos Eduardo Galán Ponce • Tras 30 años del asalto a la APEDE: Enrique Arturo de Obarrio • ¿Ser o no ser? Esa es la pregunta: Victor Zakay
|