| fronteras.
Américas conectadas…¿o desconectadas?
I. Roberto Eisenmann Jr.
Hay temas en los que los panameños —sin mucho pensar— adoptan posturas mayoritarias que pocos se atreven a contradecir. Tal era el caso de las bases militares norteamericanas en nuestro territorio. Las encuestas mostraban que la mayoría quería que se quedaran. Era una decisión metálica que hacía ausencia de la profunda necesidad de convertirnos en nación adulta e independiente. Yo adopté la postura de que se tenían que ir, a sabiendas que estaba tomando posición en contra de la opinión mayoritaria, pero confiado de que a la larga los de la minoría (la gota sobre la roca) cambiaríamos las cosas… y así fue. Dicen que la opinión pública a veces no es más que la colección de perezas individuales. Los de la mayoría estamos muy ocupados en nuestros quehaceres diarios para dedicar tiempo a analizar profundamente temas de la Agenda Pública… igual cosa ocurre con la palabra "privatización". Salieron algunas privatizaciones tan mal (servicio peor a un costo mayor) que hay buenas ideas que se matan con simplemente acusarlas falsamente de ser "privatización".
Si el Seguro tiene un atraso de nueve meses de cirugías por falta de salones de cirugía, y los hospitales privados tienen salones de cirugía en desuso… ¿no es lógico pensar en un plan de emergencia de alquiler de salones de cirugía para beneficio de la salud precaria de los asegurados? No; no se hace porque los acusarían de estar promoviendo la privatización. Pues bien, si yo como asegurado sin recursos tengo una bola en el estómago que tiene que ser operada y me dan una cita para dentro de nueve meses, me importa poco si el médico del Seguro me opera en un salón del Hospital Paitilla, si me opera ya, de inmediato, y me resuelve una angustia que me puede matar del susto. Igual ocurría con los dos pilares: la idea se mataba en el grupo de Gobierno con la mera acusación de que era privatización, pero por insistencia del sector no gubernamental se probó que se salvaba el Seguro, que no representaba privatización alguna, y se aprobó por consenso.
Hoy adoptaré otra postura, ahora minoritaria, pero sé que esto cambiará con el tiempo; hablo de la carretera Panamá-Colombia. La mayoría de los panameños simplemente dice "mejor deja eso (el tapón) así", sin pensar mucho en el asunto.
Razones superficiales: "nos vamos a llenar de colombianos o, dicho en otras palabras, nos van a colombianizar. Se viene para acá la droga y su violencia (sicarios), la aftosa… y acabaremos con el pulmón verde que es Darién".
Veamos el asunto punto por punto: la colombianización (tal como hay panameños buenos y malos, igualmente hay colombianos buenos y malos). Los buenos usualmente llegan por las vías formales (aérea o carretera si la hubiera); los malos prefieren entrar por las vías informales sin control alguno (por las trochas de Darién, en lanchas rápidas a miles de entradas de nuestra costa, etc.). Ahora bien, yo celebro la entrada de los colombianos buenos. Son, sin duda alguna, de los latinoamericanos más industriosos del continente. Solo veamos que en plena guerra de 40 años su economía hoy crece igual que la nuestra. Vienen a crear y crecer empresas (chicas, medianas y grandes), lo cual significa crear empleo y progreso para los panameños. Es inaceptable la xenofobia de la supuesta colombianización.
La droga: ¿cree alguien que los carteles de la droga van a enviar su porquería por carretera formal y controlada, cuando hay tantos kilómetros de jungla y de costas con casi ningún control?... ¡por favor! ¿Que vendrán los sicarios?... los sicarios ya están; entran y salen por las vías informales cuando quieren, y asesinan (lo vemos a diario) a los involucrados en la droga que se hacen los vivos, con los famosos "tumbes". Una carretera no va a aumentar el trasiego de droga o sicarios; esto seguirá transitando —como hoy— por las vías informales. La aftosa es preocupante, pero las áreas fronterizas están bastante libres y el control puede ejercerse con firmeza como cuando existió el ferry. Mi única preocupación es por lo ecológico, porque las carreteras, por el desarrollo contiguo, sí tienden a destruir por donde pasan cualquier pulmón verde; habría que diseñar la carretera costeando, sin afectar los bosques darienitas.
Como argumento final: existe una carretera Interamericana que une a todo el continente. ¿Cómo es posible argumentar —sin razón— que siga interrumpida y taponada, en pleno siglo XXI de la globalización, porque es más cómodo no hacer que hacer?
Señor Presidente: es hora de evitar el temor a las encuestas y de iniciar en serio los estudios junto a su homólogo colombiano, para finalmente conectar a las Américas.
El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana
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