| mes de la biblia.
De fe y de fundamentalismos
Mauro J. Zúñiga A.
La fe es un acto interno en el individuo, un acto íntimo, no sujeto a exteriorización; en el momento en que la persona lo hace público es porque está cuestionando su fe. Creer o no en Dios es un acto de reflexión interior, no sujeto al escrutinio de nadie. Tanto la fe como el amor no pueden compartir el mismo lecho con la razón. La fe y el amor son actos irracionales y como tal, no sujetos a la crítica: no refutables. Los seres se enamoran al entrecruzar retinas, sin dar ninguna explicación. Por los ojos de cada lector (a) pueden entrar imágenes de mujeres o de hombres horrorosos, pero bellas (os) a un sólo par de ojos. Son actos de la misma dimensión de pensar, ver o hablar con Dios. Actos que apachurran la razón, la hacen añicos.
En el momento en que forzamos los actos de fe y lo tratamos de imponer como acoso o chantaje religioso, caemos en el fundamentalismo. Recientemente la máxima jerarquía de la Iglesia católica amenazó con manifestaciones y piqueteos si no aparecía en la Constitución Política de la República de Panamá, un artículo que estipule que nuestro país es mayoritariamente católico. ¿Qué tiene que ver la Constitución con la fe?
La santa inquisición quemó vivo a Giordano Bruno en el año 1600 por sustentar la tesis de Copérnico de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Para ese entonces se ejecutaba a los herejes. Ignoramos el número de muertos por esa masacre. Hoy leo en los diarios el renovado fundamentalismo en contra de aquellos que se atreven a cuestionar la conducta de la Iglesia, y peor aún, en sus escritos no se oculta el odio anticristiano.
Ahora, la Asamblea Nacional está discutiendo una ley para dedicar un mes al estudio de la Biblia (al momento de escribir este artículo la sagrada comisión de asuntos bíblicos lo había aprobado por unanimidad en primer debate) lo que representa, no sólo un inadmisible retroceso histórico, sino una gaznatada a la tolerancia. Comparto plenamente los planteamientos de apertura del padre Néstor Jaén de dedicar el tiempo a promover los valores morales, los que, además de la Biblia, los encontramos en otros textos sagrados e incluso, en otros que no lo son.
En las sociedades modernas se vive una profunda crisis de fe religiosa, tal vez irreversible. El hombre de hoy abandonó a Jesús y lo reemplaza por los ritos y las limosnas. La gente va a la Iglesia para ser vista, y comulga para ser vista. Los curas cada vez se alejan más de las enseñanzas de San Juan de la Cruz. Este debacle no se resuelve con manifestaciones, constituciones, ni leyes.
¿Será que se avecina la "muerte de Dios" como lo vaticinó Nietzsche? No creo, porque según él, la "muerte de Dios" será posible con la emancipación del individuo, y el individuo contemporáneo está sepultando a Dios por su vulgar apego a los bienes materiales; es un esclavo de la sociedad de consumo, con toda la degeneración que lleva implícito. El hombre contemporáneo se arropa con la falsedad y la hipocresía. Va al templo, pero sigue explotando al prójimo; va al templo, pero sigue robando; va al templo, pero sigue engañando; va al templo, pero sigue matando o dejando morir de hambre a los demás; va al templo, pero desprecia al ser humano. En resumen, va al templo a burlarse de Dios.
Si las iglesias quieren evocar a Jesús, que empiecen con el ejemplo: imítenlo.
El autor es médico
Además en opinión
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