| Conflictos sociales.
La evidencia contra la hipótesis
Emilio García Méndez
En uno de sus tantos maravillosos textos, injustamente caracterizado como ensayo, El Espejo Enterrado, Carlos Fuentes sostiene que el descubrimiento de América fue el triunfo de la hipótesis (navegando hacia occidente era factible llegar a oriente) contra la evidencia (la tierra era plana).
Setecientos pasajeros desesperados, varados por una locomotora averiada bajo un sol abrasador en algún punto de los 450 Km. que separan a Buenos Aires de Mar del Plata el penúltimo día del año que pasó, deciden como quien dice, "hacer justicia por mano propia". Exasperados por horas de demora sin ninguna información por parte de la empresa, se atraviesan en las vías, detienen una nueva formación que de Buenos Aires se dirige a Mar del Plata, desenganchan la locomotora, reemplazan la averiada y llegan así a su destino final, donde además exigen y reciben, la devolución íntegra del dinero de su pasaje. Da la impresión que en muchos países de América Latina (Argentina, por ejemplo), el Estado, en forma creciente, no solo no consigue sino que ni siquiera intenta mediar en muchos conflictos sociales, especialmente aquellos que no amenazan su seguridad o que no ponen en peligro, en las coyunturas apropiadas, el caudal electoral del partido de gobierno. De vicio virtud, la empresa declara a posteriori, que el cambio de locomotora estaba previsto en sus planes e intenciones. En el lenguaje de mi abuela y supongo que también en el de otros venerables ancianos y no tanto, eso se llama desvestir a un santo para vestir a otro. Hace meses, el director del Servicio Penitenciario de la provincia de Buenos Aires, frente a una seguidilla de horrendos motines azuzados por guardia cárceles corruptos que dejó un saldo de decenas de muertes, declaró impunemente que en realidad la violencia en las cárceles no era mayor que la que imperaba en la sociedad y dio por concluido el tema. Por último y como para coronar el 2005, el Ministro de Educación argentino (desde hace casi tres años en el cargo), frente a investigaciones que confirmaron el calamitoso nivel de aprendizaje de los alumnos de la escuela secundaria, afirmó sin pestañear que, "era un resultado esperable". Ni una única voz se alzó para responder semejante desfachatez.
Así como, con algunos "amigos" no necesitamos enemigos, con hechos como estos todo indica que no necesitamos hipótesis y que podemos pasar directamente a las conclusiones.
La sociedad argentina, que en general nada ve de malo en los comportamientos de tipo discrecional, excepto cuando (eventualmente) el contenido de alguno de ellos afecta sus intereses inmediatos, posee además un problema exacerbado con la responsabilidad. El único tipo de responsabilidad socialmente admitida es la colectiva. Total, cuando todos somos responsables de todo, finalmente nadie es responsable de nada.
Si la hipótesis contra la evidencia produjo nuestro descubrimiento, a contrario sensu las evidencias frente a las cuales parecen estar de más las hipótesis pueden conducirnos a un sentimiento creciente de extrañamiento y desorientación. Asumamos y exijamos responsabilidades antes que no sepamos más quién somos.
El autor es abogado y profesor
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