| democracia.
Al totalitarismo por las urnas
Gerardo E. Martínez-Solanas
La democracia ha triunfado una vez más. Ahora en Bolivia, un país de escasa tradición electoral.
Iberoamérica consolida así un medio de consulta popular aplicado hoy día en todos los países del continente, aun entre aquellos alejados del cauce democrático a través de su historia, como Haití o Paraguay.
Cuba es la excepción de la regla en el continente americano, un país sojuzgado por un tirano y su régimen unipartidista desde hace 47 años. Es la dictadura más prolongada de la historia. No obstante, el propio dictador y sus testaferros proclaman tener una "democracia participativa". Esta supuesta democracia, que no es participativa, impone, según una Ley Electoral, que una Comisión de Candidaturas compuesta por dirigentes de organizaciones de masas del Estado totalitario (todos miembros del Partido Comunista) redacte una lista de candidatos que es la única opción del "elector" para votar "sí" o "no".
Esta falsa "democracia participativa" donde el pueblo sólo hace acto de presencia para aplaudir es el modelo predilecto de Hugo Chávez en Venezuela.
Aunque pudo haber mantenido el cauce democrático que lo llevó al poder con el amplio favor del pueblo, optó por el modelo cubano de polarización donde ni el consenso ni la concertación existen. Su objetivo unipartidista, alcanzado gradualmente mediante la dictadura de las mayorías que lo respaldaron inicialmente, ha cristalizado en los comicios del pasado 11 de diciembre. La dictadura ha quedado entronizada con un solo partido en el poder. Es consecuencia de confundir el concepto democrático con una mayoría dictatorial. El precedente de Hitler, elegido y respaldado por su pueblo, desembocó en su demencial carrera de opresión, terror y destrucción. En cierto modo, es la historia de Fidel Castro, quien pudo legitimar su poder en las urnas en los albores de su victoria con amplia participación de partidos de oposición, pero prefirió el camino de la dictadura aun cuando entonces tenía un abrumador respaldo popular.
Se habla de izquierdas y de derechas, conceptos difusos llenos de matices e interpretaciones erróneas, cuando la alternativa es el propósito centralizador o descentralizador de los candidatos. El socialismo propugna la centralización del poder y la intervención minuciosa del Estado en todos los aspectos de la vida nacional. El liberalismo y el conservadurismo buscan la descentralización del poder, delegando a las regiones, provincias o municipios, mediante un sistema de subsidiariedad, la mayor parte de las decisiones públicas.
En el extremo centralizador ubicamos a Chávez y a Castro. Kirchner, Tabaré Vázquez y Lula demuestran tendencias centralizadoras, pero respetando el mecanismo democrático. A nivel más moderado, más cerca del centro, ubicamos a Lagos en Chile.
Todo parece indicar que Evo Morales abraza los patrones de Castro y Chávez, no los de su vecino chileno. Si fuera así, Bolivia inicia el camino que ya sigue Venezuela de enfrentamiento popular intransigente contra todos los que piensan distinto y aspiran a soluciones mejores.
Es el lamentable destino de los pueblos donde los "puros" y los "honestos" se han mantenido al margen de la política para no ensuciar su honor ni su probidad.
Le han dejado la patria a los corruptos y a los ambiciosos. No es una cuestión de izquierdas o de derechas, ni de soluciones centralizadoras o descentralizadoras, sino de ambiciones humanas que mezquinan en el poder sus aspiraciones de grandeza, riqueza y dominación. En otras palabras, de más corrupción con otro signo.
Firmas Press
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