| progreso.
Ambiente, desarrollo y TLC
Alejandra Araúz
Ante la inminente firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, es propicio desde ya, comenzar a reflexionar sobre la amplia gama de retos y oportunidades que a corto, mediano y largo plazo estarán al alcance no sólo de los sectores productivos como el agropecuario e industrial, sino también del ciudadano consumidor que únicamente ve como cada día son más las amenazas sobre el incontrolable incremento de la canasta básica familiar. Si el individuo no sabe cómo le afecta, para bien o para mal un TLC con cualquier país, no tendrá ningún interés en involucrarse o conocer los pormenores, pero ello no significa que no vaya a influenciar su vida.
Por ejemplo, a una interrogante tan sencilla como: ¿El TLC con EU nos hará a los panameños más ricos o más pobres?, ¿Qué respuesta podrían darle tanto los promotores como los detractores?… es sencillo, podríamos resumirlo así: se trata de un instrumento comercial que promoverá mayores oportunidades de producción, exportación, inversión y empleo —siempre y cuando— se ejecuten de forma efectiva políticas complementarias como innovación y transferencia tecnológica, infraestructuras, fortalecimiento de la educación y fomento del desarrollo rural y de las PYMES, todo en un marco de estabilidad.
Viéndolo así, el objetivo del TLC con EU podría decirse que es mejorar la competitividad, atraer inversiones, incrementar las exportaciones, lo que debe traducirse en más empleos > mejor calidad de vida.
Pero si es tan perfecto, ¿Por qué hay tanto temor? ¿A qué obedece la oposición? Quizá esta respuesta sea aún más sencilla que la anterior, ya que el miedo no es otro que al cambio y a lo desconocido… Sí, apostaría a que esa es la razón, ya que si el TLC apunta hacia la competitividad, ello implica que habrá que adecuar nuestros métodos productivos hacia la eficiencia y la calidad. En otras palabras: si no eres bueno en lo que haces, o te perfeccionas, o te dedicas a algo en lo que sí seas competitivo… eso sonó a reconversión ¿verdad?… Ahora, si bien el TLC con EU nos abre tremendas posibilidades comerciales ante un mercado de 300 millones de habitantes, no podemos dejar de lado los posibles efectos --no tan positivos-- que este impulso en el desarrollo del país podría acarrear a la conservación del medio ambiente. Es decir, si vamos a incrementar los cultivos para exportación, porque nos están comprando muchos melones y sandías, no vamos ahora a deforestar más áreas boscosas. De igual modo, al momento de desarrollar infraestructuras éstas deberán adoptar las medidas de mitigación necesarias a fin de no agotar aún más los recursos naturales. Y es que, para qué nos servirá dentro diez años haber invadido EU con nuestros productos, si no tenemos un aire puro que respirar, ni agua para beber ni mucho menos para pasar los barcos por el nuevo y más amplio Canal.
La autora es periodista y relacionista pública del Mida
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