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Reportaje especial
Panamá, sábado 7 de enero de 2006
 

avances.

2005, un año más bien verde

Jorge G. Conte B.

El año 2005 fue un año de avances en materia ambiental, como destacara recientemente un conocido periodista. Hemos ganado batallas importantes, no solo para la preservación del medio ambiente que es de todos, sino para detener que se impongan intereses de particulares, sobre los intereses de las mayorías. Igualmente ganamos una gran aceptación en los medios de comunicación tanto impresos como eléctricos y electrónicos.

Cientos de noticias y artículos fueron presentados a la comunidad, a los empresarios y a los gobernantes, para informarlos, convencerlos, disuadirlos y hasta obligarlos a tomar el mejor camino posible. Esta puede ser la mayor victoria del movimiento ambiental y del desarrollo sostenible en el año que acaba.

La Autoridad Nacional del Ambiente, en una fuerte ofensiva por proponer alternativas de desarrollo social y económico del país, llevó a cabo importantes eventos, como el III Encuentro de Desarrollo Sostenible, al cual solo faltaron más empresarios y viajes internacionales, como a Montreal, Canadá, para apuntalar su convicción de que el desarrollo sostenible, las prácticas de producción limpia y los proyectos de desarrollo limpios, enmarcados en el Protocolo de Kyoto, son una figura importante y de gran impacto para Panamá, un país pequeño y sin recursos económicos, que depende de la inversión extranjera para su desarrollo y que cuenta con vastos recursos naturales para ofrecer como alternativa a nuestra falta de capital, eso sí, sin destruirlos, sino utilizándolos de manera sustentable. Esa ha sido una gran noticia para el movimiento ambiental y para todo el país.

Sin embargo, no todo fueron rosas, también hubo y hay en el camino muchas nuevas y viejas espinas por sacar. Aquellas que, de una nueva forma, conformarán parte de nuestra agenda para el nuevo año. Una nueva agenda que contará con nuevos aliados.

Algunas de estas espinas están enterradas en la piel quemada de nuestros indios nasso teribe con la construcción de la hidroeléctrica Bonyic.

De nuestros cholos de las provincias de Coclé y Veraguas con la ampliación de la cuenca del Canal, de nuestros indios kunas con la nueva Ley 132 de "desarrollo turístico" y la futura integración eléctrica con Colombia. De nuestros indios emberá y wounan en Darién, por la falta de carretera entre la capital y la provincia y el peligro de la futura carretera a través del Parque Nacional Darién, que todavía confunden los colombianos con un tapón para su expansión.

Otras están clavadas en la piel de nuestros ciudadanos, con leyes como la de urbanismo que se queda corta ante el abrumador y mal planificado crecimiento de las mismas.

En la piel de nuestros connacionales que todavía tienen que vivir junto a ríos y en áreas contaminadas con desperdicios gaseosos, sólidos y líquidos provenientes de industrias que no poseen los mínimos estándares de calidad ambiental y procesos de producción más limpia, y por la falta de educación y control ambiental que viven sus comunidades.

En la piel de nuestros niños, jóvenes y ancianos que tienen que circular entre nubes de contaminantes provenientes de autos en mal estado, transporte masivo inadecuado y el explosivo aumento del parque automotor en todas nuestras ciudades.

Otras espinas están clavadas en nuestras hermanas y hermanos, la flora y la fauna, que al no poder expresar con palabras el efecto del hombre sobre ellos, la única forma que entiende el ser humano, lo hacen de manera explosiva con los mal llamados desastres naturales, como las inundaciones, los huracanes, las tormentas, los tsunamis, los terremotos, las erupciones volcánicas, etc., que dejan ver el dolor que experimentan nuestros ecosistemas al irse devastando su hábitat sin control alguno por los llamados desarrolladores.

Hay espinas por donde quiera que vayas, existen espinas en las nuevas mini hidroeléctricas, que han comprobado su impacto negativo en el medioambiente, espinas en la tala, caza y quema irracional y abusiva por parte de nuestros campesinos y deportistas de la caza, espinas en la pesca indiscriminada de nuestros recursos marinos, en especial del tiburón y demás elasmobranquios, espinas en la nueva Ley 132 que pretende desarrollar para beneficio de unos cuantos las islas y zonas costeras sin restricción alguna y de manera inconstitucional, espinas por montón en la expansión irracional del Canal de Panamá.

Espinas en las palabras y letras de perfectos ignorantes que confunden el rojo con el verde, con la esperanza de poder participar del viejo maná del desarrollo insostenible de nuestros recursos naturales, como si el tiempo y las teorías de desarrollo humano se hubiesen detenido en su tiempo, por allá por los años 70.

Para el año nuevo 2006 prevemos un año más verde aún y pretendemos seguir removiendo espinas de la piel de nuestros connacionales, de sus casas, de sus calles, de sus barrios, de sus ciudades, de sus comarcas y provincias, de sus parques nacionales y áreas protegidas y en especial, removeremos las espinas que están clavadas en la mente y en los ojos de aquellas personas que no sienten el daño que le hacen a su entorno, no sienten lo que sienten los demás y no viven las situaciones que viven los demás.

Removeremos en fin, la ceguera de nuestros hombres y mujeres que nunca pagan sus impuestos y nunca piden disculpas, para que se pongan en la posición de aquellos seres humanos que sus proyectos de desarrollo afectan directamente. Removeremos todos, espinas enquistadas en políticos, periodistas, profesionales, maestros, dirigentes gremiales y gobernantes, con conceptos pasados de moda a tomar los mejores caminos, con la menor cantidad de espinas y mas rosas para el medio ambiente y en especial para los todos los panameños y sus familias.

Próspero y muy verde año nuevo 2006.

El autor es ambientalista

Además en opinión

El 9 de enero, gloria de la patria vieja: Carlos Iván Zúñiga Guardia
2006, ¿Qué debemos esperar?: Teófilo Rodríguez
2005, un año más bien verde: Jorge G. Conte B.
¡Un reto para gente buena!: Antonio Clement
Ambiente, desarrollo y TLC: Alejandra Araúz



 
 
 
 
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