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2006, ¿Qué debemos esperar?
Teófilo Rodríguez
Para aquellos que sobrepasamos ya varias décadas de edad, nos resulta muy incierto y lejano el advenimiento del año 2000, sobre todo por la guerra fría y la amenaza de la destrucción nuclear mundial. Ahora resulta que, casi a la velocidad de la luz -sin pretender hiperbolizar nuestra afirmación- hemos sobrepasado el primer quinquenio del año 2000. ¡Cuántas cosas han acontecido en estos cinco primeros años! En todos los ámbitos, ya sean sociales, políticos, económicos, culturales, deportivos, religiosos, etc., se han desarrollado eventos de gran evergadura, ya registrados por la historia.
Y como el tiempo sigue su curso inexorablemente, llegamos ya al 2006 con las esperanzas y temores característicos de la venida de un nuevo año. Sin duda todos llegamos a este momento con nuestros propios proyectos e ilusiones y cargados de buenos propósitos. ¿Cómo conservar esta motivación a lo largo del año y qué podemos esperar?
En primer lugar debemos decir que la esperanza es una virtud que se alimenta de la fe, sea esta fe en un ser supremo, en una persona o en alguna circunstancia personal. En la medida de que usted mantenga encendida la llama de la fe, habrá razón para esperar y motivos para luchar y trabajar.
En segundo lugar usted deberá considerar que los éxitos son entretejidos de muchos momentos de derrota y frustración, pero que, sumado al deseo de alcanzar nuestro objetivo, deberemos reponernos de cada caída y continuar con optimismo hacia la meta propuesta.
En tercer lugar, no olvide que sólo usted es responsable de que sus propósitos sean buenos o malos, y si obra con recta intención jamás quedará confundido. Toda obra emprendida con justa motivación traerá su propia recompensa.
En cuarto lugar, sepa compartir con buenos amigos, amigas y familiares sus proyectos personales y no se cierre a los consejos que de ellos pueda recibir: Dos o tres ven con mayor amplitud y objetividad y siempre es bueno saber que podemos contar con otros para alcanzar nobles ideales.
En quinto lugar, sea cual sea su concepción de Dios, no olvide que no somos Dios, y que hay cosas que sin su auxilio divino no podremos lograr en la vida. Eso significa que debemos ser agradecidos con el Creador. Si recomienda sus proyectos y planes a Él con un corazón sincero y humilde, le garantizo que no sólo tendrá su bendición, sino que Él le garantizará el éxito.
No hay razón ni lugar para el pesimismo; ese es un sentimiento negativo del alma, que va contra la esperanza. Usted decide cómo quiere iniciar y vivir este año; el resultado será el fruto de su decisión. Que este año 2006 lo inicie ahora confiándole con firme esperanza sus proyectos a Aquel que es también señor del tiempo y del espacio. Esto hará posible que podamos decir con sincero deseo a cuantos nos rodean la bella y ya tradicional frase: ¡Feliz Año Nuevo!
El autor es sacerdote
Además en opinión
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