Análisis
En busca de nuevas soluciones
Abey Saied
asaied@prensa.com
OPINIÓN. La política económica del gobierno está basada en el desarrollo de una economía abierta, en todos sus sectores, y orientada hacia el mercado internacional. Según el documento oficial de campaña de Martín Torrijos, "Visión estratégica de desarrollo económico y de empleo hacia el 2009", este modelo es la mejor forma de asegurar el crecimiento necesario para aumentar la productividad, las exportaciones y permitir la generación de más empleos en la economía. Pero no todos coinciden en que esta sea la mejor opción.
La Unión Nacional de Productores Agropecuarios de Panamá (UNPAP), entre otros grupos, critica los supuestos beneficios "teóricos" de un acuerdo bilateral con Estados Unidos y se preocupa por la pérdida de empleos que vaticina será una de las consecuencias directas de abrir el mercado. Reinmar Tejeira, presidente de la asociación, señala en un informe que las áreas rurales se aprestan a perder más de 70 mil empleos con la firma del tratado, cifra que según él, "ha de crecer de 200 mil a 300 mil damnificados". La debacle que pronostica Tejeira, sin mayor sustento, representaría casi el 40% del total de la población rural del país, ya mayoritariamente pobre. "Sería extender el [pueblo fantasma] Barú al resto del mundo rural".
Tejeira propone "desarrollar las fortalezas panameñas para crear alternativas de trabajo", señalando que sectores como el turismo, migración de jubilados extranjeros, la Zona Libre y el cluster de transporte no necesitan un TLC para desarrollarse. También agrega que la mayoría de las exportaciones panameñas ya se hace libres de arancel y no necesita del acuerdo, citando los casos de las exportaciones de pescado y productos agroindustriales dirigidos al mercado europeo. Panamá está frente una encrucijada, y a pesar de las protestas y críticas la decisión parece bastante clara: dejar atrás medio siglo de un modelo basado en la substitución de importaciones, cuyo resultado ha sido niveles espeluznantes de pobreza rural y desigualdad, para abrir el agro a la economía mundial.
"Si de verdad queremos solucionar el problema de la pobreza, tenemos que cambiar la política agropecuaria, en especial dejar de proteger la producción hacia adentro y promover, por todos los medios legítimos posibles, la producción de exportación", escribió Carlos Ernesto González Ramírez, de Fundación Libertad, en un artículo titulado "La política agropecuaria es una fábrica de pobres". Para bien o para mal, el país se encamina a ensayar un modelo económico que solo con el tiempo demostrará si fue capaz de una transformación verdadera.
El autor es financista y editor
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