Plano urbano
Arquitectura por moda, no por evolución
Rodrigo Mejía-Andrión
aseviviendas@cableonda.net
OPINIÓN.Panamá se encuentra en pleno proceso de copiar modelos ajenos. Copiamos edificios de vidrio, muy apropiados para climas siempre fríos por su altura, como Bogotá o Quito que, por su posición geográfica, también reciben abundantes horas de sol. Allí bendicen la entrada de rayos solares que les calientan el ambiente íntimo. Ese tipo de edificios los encontramos igualmente en ciudades como Nueva York, donde arquitectos de gran renombre se quejan de su uso ya que, según aducen con acierto: "no logramos enfriarlos lo suficiente en el verano ni calentarlos en invierno; son una linda forma de botar el dinero".
En mis clases de arquitectura les contaba a mis estudiantes que, así como en Panamá, al caminar, buscamos las aceras que brindan sombra, cuando era estudiante en Bogotá siempre caminaba por la acera donde hubiera sol, como todos los otros transeúntes.El mundialmente famoso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, a sus edificios de altura los dotó de "quiebrasoles", múltiples aleros que brindan sombras protectoras de los candentes soles.
Esa eficaz arquitectura fue utilizada en Panamá, en los primeros edificios de la universidad, por los maestros arquitectos Ricardo J. Bermúdez, Guillermo De Roux y Octavio Méndez Guardia; en el complejo hospitalario de la Caja de Seguro Social por los distinguidos colegas Carlos Fábrega y Jorge E. Yau, y posteriormente en el edificio de la Facultad de Administración por el destacado observador y estudioso arquitecto Alberto W. Osorio.
Por la década de los años 50 y 60 se desechó el eficaz techo de tejas, para usar el nuevo producto "aluma life", que consistía en un techo excesivamente plano, con estructura y forro de madera y encima varias capas de felpa que terminaba con una capa de piedras blancas que, según aseguraban los vendedores, protegería la felpa del sol. Inicialmente se ofrecía garantía de 20 años, rebajada luego a 10, después a cinco y finalmente fue eliminada. Pasado el tiempo y la absurda moda, se redescubrió la teja como material de óptima calidad y belleza, no sin antes pasar por los techos de aluminio o acero galvanizado (llamados indebidamente zinc) sobre estructura de madera, finalmente reemplazada por carriolas metálicas. Por aquellos años, se convenció a los campesinos de que sus paredes de quincha y sus techos de paja no eran adecuados y los pobres se vieron obligados a subir por las lomas pesados bloques de cemento para las paredes y techos de láminas de acero galvanizado.
Comentaba mi recordado socio Ascanio Watson que las casas se debían entregar con grandes cantidades de polvo antialérgico para protegerlos de sarpullido, esa enfermedad que antes jamás conocieron. Hoy día encontramos la paja en casas de campo de gente muy pudiente, donde creativos arquitectos la han instalado como cubierta y bello atractivo.
Las pesadas tuberías de desagüe fabricadas de hierro fundido, han sido reemplazadas con eficiencia por tuberías de PVC, mucho más versátiles, aunque una versión de PVC para tuberías que conduzcan agua caliente resultó un fracaso para todos los que caímos en la trampa.Hoy ha vuelto el bloque de arcilla, más fresco, liviano y ecológico, para fortuna nuestra y de nuestras playas, pero igualmente han llegado los enormes vidrios para edificios de oficinas y de viviendas que, como peligrosas aves migratorias, van a acabar con los ingresos de los panameños. Me preocupa sobremanera el caso de los "lofts" que veo anunciados, no por el reparto o división de los espacios, ya que el promotor tiene todo el derecho de proponerlos y ofrecerlos, como quienes los compran de adquirirlos. Me inquieta la doble o triple altura, con enormes vidrios sin protección, por donde ingresará el sol y su calor, hasta el último rincón.
Con el fortísimo aumento, entre el 15% y el 25% en la energía, veremos a muchos compradores revistiendo sus ventanales con telas, cortinas, papeles, láminas de corcho u otros materiales aislantes para reducir el valor de su angustiosa factura o poniéndolos rápidamente en venta. Hace aproximadamente una década, el ingeniero electricista Núman Vásquez, quien por sus grandes méritos y destacado profesionalismo terminó su carrera en la Autoridad del Canal como jefe del Departamento de Ingeniería, propuso que para la construcción de todo edificio se exigiera un estudio de consumo de electricidad, para establecer la eficiencia del diseño. Ojalá le hiciéramos caso.
El autor es arquitecto y asesor de compradores de viviendas e inversionistas.
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