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Abandonada a su suerte
Sergio Muñoz Bata
Nadie, salvo el propio presidente Bush, sabe cuáles fueron las resoluciones del mandatario estadounidense para 2006 pero no es aventurado suponer que entre sus deseos de año nuevo estuviera que el que comienza lo trate mejor que el anterior.
Para ese fin, es razonable suponer que en sus cortas vacaciones en Texas, el presidente haya dedicado buena parte de su tiempo a calcular el punto de equilibrio entre su obsesión por ganar la guerra en Irak y al mismo tiempo responder a las demandas de la ciudadanía y del Congreso para que empiece la retirada gradual de tropas estadounidenses. Un error de cálculo en el delicado tema podría inclinar el fiel de la balanza en las elecciones de noviembre y favorecer a los demócratas.
Es comprensible que la lucha contra el terrorismo; la incertidumbre sobre los programas nucleares de Irán y Corea del Norte y el conflicto entre judíos y palestinos sigan siendo los grandes temas de la agenda internacional del presidente. Y que la aprobación definitiva del Plan Patriota en el Congreso, la confirmación del juez Samuel Alito a la Suprema Corte de Justicia y la elección de noviembre sean sus prioridades nacionales.
Lo incomprensible es que en su quinto año de gobierno sólo haya tres temas pendientes hacia la región. El refrendo al Plan Colombia que no enfrenta retos serios en el Congreso, el futuro del tratado de libre comercio con tres países de la región andina que es incierto y la construcción del muro en la frontera con México que la Cámara de Representantes recién aprobó y que debería discutirse en el Senado hacia febrero o marzo.
Por más decisión soberana que sea, la posible erección del muro subraya la incapacidad del Congreso para encontrarle una solución racional al complejo problema de la reforma migratoria. Además, es dudosa la eficacia de la muralla dejando abiertos tres enormes flancos. Lo peor, sin embargo, es que amurallar la frontera sur manda un fuerte mensaje político de ruptura física con la región.
En lo político, ya Fidel Castro y Hugo Chávez han reiterado su anti-norteamericanismo explotando la coyuntura y mandando un mensaje conciliatorio a México justo cuando las relaciones diplomáticas entre éste y aquéllos pasan por un mal momento.
El cierre de la frontera estadounidense también tendría repercusiones económicas catastróficas tanto para Estados Unidos como para América Latina si en verdad éste viniera acompañado de deportaciones y de medidas reales para evitar la contratación de inmigrantes indocumentados. Aun admitiendo que la posibilidad de que esto sucediera es remota, cualquier suspensión del flujo migratorio disminuiría considerablemente el monto de las remesas que mandan los inmigrantes a sus países de origen y que constituyen la primera o la segunda fuente de divisas en varios países de América Latina.
No sabemos todavía si el presidente y el senado suscribirán el proyecto aprobado por la Cámara Baja y esperamos que ese no sea el caso porque las repercusiones de la construcción del muro serían inmensas.
Desde mi perspectiva, sin embargo, lo más lamentable sigue siendo que Estados Unidos no acabe de entender que la relación con América Latina podría funcionar infinitamente mejor si en sociedad con los países más desarrollados del mundo se decidieran a ayudar a mitigar la pobreza y a disminuir la desigualdad en la región.
El autor es miembro del consejo editorial de Los Angeles Times
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