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Reportaje especial
Panamá, miércoles 4 de enero de 2006
 

Cambio de política.

Amargas lecciones para Bush

Laszlo Trankovits

Ha sido una silenciosa despedida de los neoconservadores del gobierno del presidente estadounidense, George W. Bush, pero su marcha simboliza un cambio en la política exterior estadounidense, aun cuando la retórica del presidente texano apenas haya cambiado.

No obstante, son cada vez más los indicios de que, tras la amarga experiencia de Irak, en el futuro se impondrá una política exterior conservadora más clásica. Eso significaría decir adiós a la visión idealista de un mundo libre y democratizado y al intento de que Washington vaya a imponer en el futuro los intereses estadounidenses en todo el mundo, tal como durante décadas fue a menudo el caso.

"La cruzada por la libertad" no se corresponde con los intereses estadounidenses propios ni tampoco con las tradiciones de libertad americanas afirma el periódico The National Interest.

No se puede afirmar que fuera una casualidad que los principales ideólogos neoconservadores al servicio de la Casa Blanca hayan dejado su trabajo durante 2005. La mayoría de ellos han dado un giro a su carrera: John Bolton, el temido "halcón" del Departamento de Estado, ha sido nombrado embajador ante Naciones Unidas, mientras que Paul Wolfowitz, quien como segundo del Departamento de Defensa calificó al parecer de "paseo" la guerra en Irak a principios de 2003, ha sido nombrado presidente del Banco Mundial.

Los neoconservadores han estado en su mayor parte en un segundo plano del gobierno estadounidense. Pero su punto de vista dominó la política exterior sobre todo desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La "doctrina Bush" proclamaba una actuación preventiva. "Quien no está con nosotros, está contra nosotros", aseveró el presidente para defender su "guerra mundial contra el terror". Estados Unidos tenía "la misión" de poner fin al "dominio de la tiranía" con la difusión de la democratización y erradicar el terrorismo. Así se justificaron intervenciones militares. Los aliados son bienvenidos, pero en caso de necesidad también se podía actuar de forma unilateral.

Poco queda de todo ello tras casi tres años de tiempos tumultuosos en Irak. El tono de Bush se ha moderado y la diplomacia se ha revaluado. En las filas de los neocons se han registrado rupturas profundas: El historiador Francis Fukuyama criticó la política de Bush por considerarla arrogante y expresó serias dudas sobre la política agresiva del "poder hegemónico benévolo".

Otros, como el periodista Robert Kagan, se quejan sin embargo por la "reescritura de la historia" y aseguran que también miembros del Partido Demócrata, como Bill Clinton, describían el régimen de Saddam Hussein como un peligro para Occidente que tenía que ser eliminado.

Pero en EU no sólo la opinión pública se ha vuelto en contra de la política de ofensiva estadounidense, también los denominados think tanks, centros de análisis político, han expresado sus dudas al respecto.

El profesor liberal Joseph Nye (de la Universidad de Harvard) ya dijo que era más que cuestionable la afirmación de Bush de que "la democracia restringiría el terrorismo".

"Muchos terroristas han alimentado su alienación y hostilidad (hacia Occidente) en las democracias de Europa", opina Nye, para quien Irak es ahora el mejor campo de reclutamiento de terroristas.

Para muchos historiadores y politólogos la comparación que a Bush le gusta hacer con Alemania y Japón tras 1945 es desacertada, ya que en los mencionados casos no se trataba de sociedades étnicas divididas. Además, tanto alemanes como japoneses habían vivido el desastre del derrocamiento de sus viejos regímenes militares.

A partir de 1945 EU intentó fertilizar la democracia con soft power (un poder que se materializa en instrumentos flexibles) como el Plan Marshall y el reforzamiento de las fuerzas liberales.

Sin embargo, en Cercano Oriente, Bush ha caído en la "política de las ilusiones". El mandatario estadounidense sobrevalora -según estiman muchos analistas estadounidenses- la capacidad de la región de adoptar una rápida democratización.

"Hoy en día es un objetivo realista evitar una guerra civil en Irak, no instalar un paraíso democrático", afirma el experto en Cercano Oriente Dalien Pipes.

En su opinión, ejemplos como Líbano o Argelia demuestran que la democracia, reducida sólo a elecciones libres, puede allanar el camino a los extremistas islámicos.

El profesor Nye escribe sin embargo que también es justo reconocer que todavía es demasiado pronto "para emitir un juicio": "Una evaluación de la guerra de Irak y sus consecuencias en Cercano Oriente se podrá hacer dentro de una década o más tarde".

DPA


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