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Reportaje especial
Panamá, miércoles 4 de enero de 2006
 

derechos humanos.

ONU busca mejorar su imagen

Warren Hoge

NACIONES UNIDAS. Funcionarios de las Naciones Unidas han decidido que deben actuar en cuestión de semanas para producir una alternativa a su Comisión de Derechos Humanos, ampliamente desacreditada, para conservar la esperanza de redimir su credibilidad en 2006.

La Comisión, con sede en Ginebra, ha sido una vergüenza persistente para las Naciones Unidas debido a que su participación ha estado abierta a países como Cuba, Sudán y Zimbawe, miembros actuales que han sido acusados de abusos graves a esos derechos. Libia presidió el panel en 2003.

"La razón por la cual gobiernos excesivamente abusivos llegan a la Comisión es para evitar una condena contra ellos mismos y contra los de su tipo, y la mayor parte del tiempo lo logran", dijo Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch. "Si se es un rufián, se quiere estar en el Comité que trata de condenar a los rufianes".

Mark Malloch Brown, jefe del Estado Mayor del secretario general Kofi Annan, señaló que con otros dos pasos cruciales hacia el orden apropiado de la reforma una nueva Comisión para la Construcción de la Paz que ayude a los países que están saliendo de la guerra, y un presupuesto bienal bajo un acuerdo que siente las bases para un importante cambio administrativo en junio la comisión sobre los derechos estará en el centro de la atención.

"Para el gran público mundial, el buen o mal desempeño de la Comisión de Derechos humanos se ha convertido en la prueba decisiva de la renovación de las Naciones Unidas", dijo. "No podemos sobreestimar que se gane claramente en esto en enero".

Annan comienza el último año en el cargo con un mandato para hacer cambios fundamentales y duraderos en la institución que atraviesa momentos difíciles, que ha batallado durante un período de escándalo y malos manejos. Los negociadores han estado luchando por meses en torno a los términos de un nuevo Consejo de Derechos Humanos que propuso Annan la primavera pasada para sustituir a la Comisión. No se materializó en diciembre el acuerdo que se esperaba. Los negociadores reanudarán conversaciones el 11 de enero, y deberán acordar una resolución para un nuevo consejo poco después para poder establecerlo en marzo, cuando la Comisión se vuelva a reunir en Ginebra.

"La Comisión debería tener esa reunión en el entendido de que será la última", dijo Ricardo Alberto Arias, embajador de Panamá, quien es uno de los líderes del grupo que está preparando el nuevo Consejo de Derechos Humanos.

La comisión actual cuenta con 53 miembros para períodos de tres años consecutivos, elegidos de listas de candidatos cerradas y presentadas por grupos regionales. Se reúne en Ginebra cada año durante seis semanas.

El consejo propuesto se reuniría todo el año, tendría libertad para actuar cuando se descubran violaciones a los derechos, llevaría a cabo revisiones periódicas del desempeño de cada país en cuanto a derechos humanos, y se reuniría con mayor frecuencia a lo largo del año.

Aún en disputa está el tamaño del consejo, los procedimientos para citar a países en particular, la frecuencia de las reuniones del panel, un posible límite de dos períodos en la membresía, y si se seleccionaría a los integrantes con base en criterios acordados sobre el desempeño en cuanto a derechos humanos o por votación de dos tercios en la Asamblea General como un mecanismo para descartar a bien conocidos violadores de los derechos.

La propuesta contempla votos por cada candidato en particular para ser miembro en lugar de listas regionales. Como con casi todos los cambios que se han propuesto en las Naciones Unidas, el consejo de derechos ha generado suspicacias entre los países más pobres y menos desarrollados de la Asamblea General, de 191 miembros. Dicen que temen que el nuevo consejo pueda ser otra forma más para que los países más ricos y más poderosos se entrometan en sus asuntos.

Abdallah Baali, el embajador de Argelia, dijo "que la preocupación primordial al objetar países es si el consejo impondrá o no sus medidas y puntos de vista a los Estados miembros o si buscará su cooperación para poder mejorar sus expedientes de derechos humanos". Dicho lo cual, agregó que Argelia apoya la propuesta para el consejo.

Diplomáticos de las Naciones Unidas señalaron a Egipto y Pakistán como los países que lideran la resistencia a dicho consejo.

Al presentar su recomendación de un nuevo consejo en marzo pasado, Annan mencionó las fallas de la comisión actual y las consecuencias si Naciones Unidas no la reforman. "La Comisión se debilitó, sostuvo, al permitir la participación de países cuyo propósito no fue el de fortalecer los derechos humanos sino de protegerse contra las críticas o para criticar a otros".

"Como resultado", dijo Annan, "se desarrolló un déficit de credibilidad que ensombrece la reputación del sistema de las Naciones Unidas en su conjunto".

Roth de Human Rights Watch fue más tajante. "Si los gobiernos del mundo no se pueden unir en cuanto a los derechos humanos en las Naciones Unidas, entonces es un acto vergonzoso para toda la organización", dijo.

Peggy Hicks, directora de defensoría mundial de Human Rights Watch, dijo que tener abusadores de los derechos en el panel tuvo un efecto ampliamente debilitante en su trabajo. En el caso de Sudán, la presencia del gobierno sudanés en la Comisión significó que los Estados africanos y otros diluyeron el lenguaje que los grupos de derechos humanos de todo el mundo pensaron era el apropiado para tratar los crímenes contra la humanidad, dijo.

Expresó que la presencia de Zimbawe en la Comisión fue un factor importante en la decisión del panel de no actuar este año contra el gobierno de Robert Mugabe a pesar de las acusaciones generalizadas de abuso contra sus propios ciudadanos.

"En general", dijo Hicks, lo que significa la presencia de países abusivos en la Comisión es que gran parte de su energía se ocupa en el bloqueo de acciones y en tácticas dilatorias que terminan por debilitar la acción contra los abusos a los derechos humanos en todo el mundo. Sí, retrasan la acción respecto a sus propias situaciones internas, pero tienen un interés en ver que la capacidad de conjunto sea tan débil como sea posible.

The New York Times News Service


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