| desigualdad.
Ética en la impartición de justicia
Hernán B. De León Batista
Respecto al tema de impartir justicia de una manera ética, es decir, el trabajo que todo juzgador debe cumplir bajo los principios de honestidad, imparcialidad, humildad, entre otros, y que más bien es la definición de un código de conducta impuesto por la sociedad que debe cumplir todo individuo para llevar una vida, ya sea a nivel profesional o personal sin ser cuestionada por los demás, así como tomada desde el punto de vista de una reflexión filosófica sobre la moral, toda vez que se habla muchas veces que tal individuo no es ético, ya sea porque la sociedad lo ve como un deshonesto, como parcializado hacia un determinado sector de la sociedad, etc., pero no solo la sociedad califica a una persona de no tener ética por su deshonestidad, sino también en la manera como se comporta fuera del ámbito de trabajo, como es el hecho de que un juez esté libando licor hasta embriagarse todos los fines de semana en un bar o que esté haciendo "espectáculos en la calle" o simplemente, la manera como trata a su familia vista por parte de sus vecinos (si le pega a su esposa, maltrata a sus hijos, etc.)
Sin embargo, el problema más latente que hay en la conducta ética de un funcionario que imparte justicia, es la manera como falla, es decir, si en muchas de sus decisiones judiciales hace una interpretación de la ley que favorece de manera muy habitual a un determinado sector de la sociedad, como podría ser en favor de empresarios contra trabajadores, o de ciertos políticos contra la comunidad, o simplemente siempre favorece a los supuestos narcotraficantes.
Considero que en algunos países del globo terráqueo las condiciones económicas, de estabilidad y de infraestructura de un operario judicial son muy deficientes, por lo que hace que sea susceptible de ser corrompido por cierto sector de la sociedad, a pesar de que muchas veces vienen educados de una buena familia con altos valores morales y éticos; sin embargo, la experiencia y el vivir diario ha demostrado que en países donde los juzgadores son excelentemente pagados también adolecen de este mal de la sociedad como es la corrupción, cayendo entonces en la costumbre de impartir justicia de manera no ética.
Considero que gracias a la creación de las escuelas judiciales en muchos poderes judiciales del mundo, la formación ética del juez viene cimentándose sobre pilares de mucha honestidad, trabajo, imparcialidad, etc., lo que está cambiando la cultura de los mal llamados "jueces corruptos"; sin embargo, este es un trabajo difícil de atacar, ya que a pesar de existir la división de poderes de un Estado, muchas veces personalidades fuertes del Ejecutivo o Legislativo se entremeten en los asuntos internos del poder judicial, pudiendo así afectar una objetiva labor ética por parte de los que imparten justicia. Por ello soy de la opinión de la necesidad de tomar o retomar cursos en nuestras escuelas de derecho relativos a la ética, a fin de llevarse a esta formación desde sus pinitos, y de ser posible desde la enseñanza primaria, donde la persona conozca el valor de los derechos humanos y el respeto irrestricto de la ley, pero aún más, el de un código de conducta que impone la sociedad, especialmente para sus gobernados.
Siendo así, estimo que se debe propugnar en muchos países, tal como acontece en algunos, que las audiencias judiciales sean todas públicas, para que haya más transparencia de un proceso judicial, donde no se cuestione la ética de un juzgador frente a una controversia; pero dicho juzgador también debe mantener esa imagen limpia fuera de su ámbito de trabajo.
En otro aspecto, hay que advertir que todo operario judicial debe ser consciente de sus actos, ya que el propio filósofo Aristóteles hace una distinción entre los actos hechos por ignorancia y los realizados en estado de ignorancia. Esto es así, según el referido filósofo, porque los primeros denotan desconocimiento de las circunstancias de la acción, su naturaleza o su fin, y en los segundos hay responsabilidad del agente, toda vez que no se ejecutan involuntariamente; son conductas que se dan en una situación que impide al sujeto hacer una elección razonada, como sería cuando un juez está fuera de concentración en su trabajo por problemas familiares, por estar desvelado, entre otras condiciones ya sean físicas o psíquicas. Por ello, Aristóteles distingue entre elección y deseo.
Respecto al anterior señalamiento, tenemos que tener claro que todo juzgador no puede estar a los vaivenes de la elección o el deseo, ya que los problemas morales de nuestra sociedad, que muchas veces ya están contenidos en las leyes y códigos, no se resuelven apelando únicamente a la reflexión filosófica sobre "lo bueno", por lo que es preciso llegar a determinar con claridad la ética de "lo justo", tal como diría la definición aristotélica de la justicia. Como virtud es el hábito consistente en la voluntad de dar a cada cual lo suyo, es decir, el derecho. De aquí que todo operario jurídico tiene un papel importante que cumplir dentro de la sociedad, al interpretar textos legales de una manera justa, moral, donde no se aplique en estricto sentido gramatical una disposición legal, buscando otras interpretaciones para darle un sentido de justicia, pero siempre con la intención del legislador, y apegado a toda conducta moral que exige la sociedad.
En definitiva, considero que la ética debe estar siempre presente al impartir justicia, específicamente en una práctica racional de lo que en realidad los hombres quieren, pero siempre apegado a un código de conducta.
El autor es abogado
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